viernes, 16 de diciembre de 2016

Sobre el duelo genético

Hola!

Como os comenté en el anterior post donde os contaba cómo fue mi parto, volvería al blog solo para tratar temas sobre infertilidad o que pudieran ser de utilidad y aquí estoy.

Hoy quiero contaros mi punto de vista sobre un tema muy muy personal como es el duelo genético.

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Intento seguir activa en Twitter y si bien es verdad que no dispongo ahora mismo del tiempo necesario para mantener una fluida y constante interacción “en abierto” como hacía antes, sí que respondo a todos los mensajes privados que me llegan y últimamente desde que ya soy mamá es una constante el tema de la genética, o la ausencia de ella, en nuestros bebés nacidos a través de la donación de óvulos (creo que es también aplicable 100% a doble donación o ADE).

No os puedo convencer, ni hacer que vuestro duelo desaparezca o se atenúe (¡Ojalá pudiera!: ese es un camino muy personal que nadie podrá transitar por vosotros), pero lo que os puedo asegurar que el proceso de ovodonación está cargado de emoción una vez te liberas y te dejas fluir y os puedo contar cómo yo lo he vivido por si mi ejemplo os sirve para desprenderos de miedos y lastres.

Cuando me enfrenté de verdad con lo que la esterilidad suponía debido a mi endometriosis (os dejo aquí el Picnic Online sobre este tema que organizaron Marian Cisterna y Eva Bernal. Sí, yo soy esa Nube... 😒), empecé a barajar opciones con miedo y superstición por si adelantar acontecimientos se convertía en una profecía autocumplida. Necesitaba saber que si el suelo se desmoronaba bajo mis pies, podría saltar a otro puente y no dejarme caer.

Luego llegó mi primera y única FiV propia y cuando los resultados de la estimulación empezaron a mostrarse poco alentadores, lo hablé con Mr. Cloud en ese paseo fatídico. Entonces no sabía mucho sobre el proceso y aún me parecía un poco ciencia ficción, pero me aferraba a la idea de que seguía habiendo cosas que hacer.

Después de la infructuosa punción y de recomponer nuestros trocitos, lo tuve claro. Estaba expectante temiendo el famoso duelo genético, pero nunca llegó, al menos como yo lo esperaba...

Siempre he creído que hay que reservar un lugar a cada sentimiento y esconder la tristeza no sirve más que para que aflore posteriormente de la peor de las maneras como cuando tratas de hundir una pelota en el agua y cuando te despistas salta por los aires con fuerza. Auguraba bajones emocionales, llantos, sentimientos de derrota... Pero creo que era tan grande mi deseo de ser mamá, que esos momentos nunca se produjeron, pero sí tuve otros.

Cuando veía fotos mías de pequeña, el corazón me daba un pellizquito al saber que mi futuro hijo no compartiría mis genes y sentía un poco de pena. Si finalmente tuviese un bebé, no sabía cómo llevaría el tema de los parecidos, que siempre son motivo de conversación entre familiares y amigos, ya que nadie iba a saber el origen de su nacimiento antes que él/ella mism@.

Siempre me pareció que la genética es muy caprichosa, luego está la epigenética, la convivencia, la casualidad...

¿Quién no conoce casos de hijos que no se parecen a sus padres porque salen a un tío lejano?
Conozco un caso de la hija adoptada que es clavadita a su madre (tono de piel, mirada, pelo, gestos, modo de hablar...). De hecho pocas personas saben del origen de su hija y nadie se plantearía que no son familia biológica.
Por otro lado mi doctor nos comentó que una vez estuvieron mucho tiempo buscando donante para una chica pelirroja, de piel y ojos claros y finalmente su hijo nació siendo tan moreno como su papá.

Estos son casos que me planteaba para restar importancia al tema genético ya que un hijo procedente de tu óvulo no te garantiza que se te parezca, pero de repente reparé en la mayor de las razones por la cual nunca fue un tema que me obsesionase demasiado. Siempre estuvo ahí y no me lo había ni planteado. El origen de mi propia familia me ayudó muchísimo sin saberlo.

Cuando mis padres se casaron, mi padre era viudo y aportaba a mis tres hermanos al matrimonio. En mi familia nunca ha habido diferencias entre nosotros y mi madre ha sabido hacerlo de una manera tan natural que ni siquiera parece que sea algo a tener en cuenta, cuando sí lo es, porque verse de la noche a la mañana siendo madre de familia numerosa y conseguir el amor de unos niños que habían pasado por uno de los traumas más dolorosos por los que puede pasar una criatura tiene mérito y mucho.

Mamá, muchas gracias por ser tan valiente y haberlo hecho tan bien. (Ya se lo he dicho en persona, pero me nace resaltarlo por aquí también)

En el seno de esa maravillosa familia crecí y no está exenta de alguna que otra curiosidad con el tema de los genes y los parecidos, por ejemplo a mi madre le han dicho que uno de sus nietos es idéntico a ella (cuando no comparten ninguna carga genética, pero sí mucha vinculación) y es cierto.

¿Que mi experiencia no os sirve porque es un caso muy particular teniendo en cuenta las características de mi familia? Pues puede que estéis en lo cierto, pero mi circunstancia es la que es y no puedo desprenderme de ella y vivirlo de otra forma.

Volvamos entonces a generalidades en las que también pensaba a menudo.

Tengamos en cuenta que la persona elegida para ser nuestra donante (hada madrina, como nos gusta llamarlas) compartirá con nosotras fenotipo, por lo tanto no es “raro” que nuestro bebé se pueda parecer más a nosotras que a su papá. 

Por otra parte, durante la gestación nuestro pequeño se alimentará de nosotras y se pondrá en juego la epigenética. Aún no hay muchos estudios sobre el tema, pero sí se sabe que la genética de la madre modifica y modela la del bebé que lleva en su vientre.

De hecho hace poquito nació un ovobebé que es un calco de mamá.

Volviendo a mi caso en particular, os cuento que ya en las ecografías se empieza a hablar de parecidos (increíble pero cierto) y es curioso comprobar como cada cual arrima el ascua a su sardina y dependiendo del parentesco o afinidad del que observa, los parecidos irán en el sentido de aquel miembro de la pareja que le pille más de cerca.
Al principio estos comentarios producían en mí una sensación extraña e incómoda, pero poco a poco fue perdiendo intensidad y ya con el nacimiento derivaron en qu­e simplemente me hacían gracia. Porque realmente es cierto que mi hija es muy parecida a su papá y a la rama paterna, pero también tiene un rasgo muy característico mío en su carita y viendo la primera foto mía de bebé, nos parecemos un montón.

Por último, si os planteáis si llegaréis a querer de verdad a vuestro bebé si el origen genético supone para vosotros un gran problema, estoy convencida de que sí. ¿Cómo no vas a amar con el más profundo de los sentimientos a un bebé que has estado llevando y haciendo crecer durante nueve meses y por el que has luchado hasta la extenuación? Cuando te ves embarazada, lo sientes y ves su carita mirándote, no hay nada más que felicidad plena y pura. 

Dudo muy mucho que se pueda querer más.

Deseo de corazón que si has llegado aquí buscando ese rayito de luz de esperanza, de alguna manera lo hayas encontrado.
La ovodonación es un camino al que se llega después de mucho sufrimiento, pero si finalmente consigues llegar a tu objetivo, es un camino apasionante y lleno de magia.

Si quieres compartir tu experiencia con este tema o si tienes alguna pregunta, no dudes en dejarme un comentario.

Un beso muy fuerte y muchas gracias por estar siempre ahí.

6 comentarios:

  1. Qué bonito y cuanta razón. No serán genéticamente nuestros. Pero entre las personas hay poca diversidad genética (así somos los seres humanos) así los bebés llevarán muchos genes iguales a nosotros. Y cuando los miras a los ojos te ves en ellos.
    Mandarinalogy

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    1. Toda la razón. En esas miradas se para el mundo, hay una conexión que es imposible que fuese mayor de lo que ya es.
      Un besazo, Mandy! 😘

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  2. UN GRAN POST NUBE!

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  3. Hace apenas una semana que mi médico me planteó la posibilidad de la ovodonación de óvulos como la forma mas viable y segura para conseguir mi embarazo. En un mes cumplimos 11 años de casados y despues de 9 IA y 1 FIV con resultados negativos llega a mi vida esta posibilidad y no ha sido del todo fácil tomar la decisión.
    En el momento en que el doc nos explicó lo de la ovodonación, mi lado racional y analítico, de manenera inmediata lo decidió como la mejor opción; pero mi lado emocional cayó en el famoso DUELO GENÉTICO. Gracias a Dios no estoy sola en este peoceso, y la ayuda afectiva, profesional y espiritual han sido claves para no derrumbarme y seguir adelante afrontando mi duelo.
    Importante es saber que no somos pocas las que pasamos por esto y entender que si la vida nos lo pone en el camino, ademas de ser una oportunidad de vida, representa la posibilidad de reescribir nuestra historia y romper con esquemas que se heredan de generación en generación...

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    1. Gracias por tus palabras.
      Sí, no es fácil, en mi caso me adelanté y ya había barajado esa posibilidad antes de que se nos recomendara, de hecho hablé yo de ello justo tras la fallida punción de mi FIV.
      No tengo ningún hijo a partir de mis propios óvulos para comparar, pero te puedo decir que me cuesta pensar tan si quiera la posibilidad de que se pueda querer más de lo que yo quiero a mi hija, creo imposible que se pueda.
      La vida trae estas cosas que a veces se nos hacen muy cuesta arriba. Deseo de corazón que tu duelo genético pase y encuentres la tranquilidad necesaria para que esta luz que se te presenta te llene de felicidad como a nosotros nos ha pasado.
      Estaría encantada de poder seguir tus pasos. Tienes Twitter o blog?

      Un beso muy fuerte y mucha suerte.

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