martes, 23 de febrero de 2016

Mi mundo es redondito (Mr. Cloud´s Silver Lining)

¡Hoy estoy especialmente feliz y orgullosa! Y es que tengo un invitado muy especial en el blog...

La otra mitad de este equipo, la persona con la que he tenido la suerte de compartir mi vida y esta lucha. Quien me da fuerzas cuando flaqueo y me saca una sonrisa cuando más lo necesito... Me faltan palabras para hablar de él, de lo que lo admiro y de lo que significa para mí.

Este post (y todos los que vengan!) sirve de homenaje a todos esos hombres que comparten con nosotras esta dura batalla, que tantas veces dejan su sufrimiento en silencio para evitarnos más daño porque les toca ser los fuertes y que pocas veces alzan su voz y su sentir al mundo.

Estoy totalmente emocionada, porque incluso yo, desconocía algunos detalles que hoy he descubierto cuando él ha decidido compartir su visión. Y aquí estoy llorando a mares...

Bueno, no me enrollo... Si aquí os conté mi punto de vista del que hasta ahora ha sido el día en que cambió nuestra suerte, ahora os dejo con Mr. Cloud...



Hola a todas:

Mi nombre es Mr. Cloud y estoy encantado de presentarme y dirigirme a vosotras.

En primer lugar, agradezco muchísimo el cariño que le dais a Nube Violeta a través de vuestros comentarios en el blog. Es alucinante lo cálido que puede ser algo aparentemente frío como es el ciberespacio.

Y sí, ¡¡¡SOY UN ORGULLOSO “ESPERANTE DE REDONDITO”!!!

Desde hace más de dieciocho años, me siento la persona más afortunada del mundo por la nubecilla que tengo a mi lado. Desde hace seis días, ya es increíble, lo máximo.

Descrito así parece fácil e idílico, pero os aseguro que nuestro camino ha estado repletísimo de piedras, espinas, baches y polvaredas en este y otros temas de nuestra vida. Siempre he adorado los niños, siempre he tratado de ser el “tito jovencito, molón, guay”. Parecía que la vida la vivíamos a través de las de los demás, que habíamos nacido para ser titos, no padres. No me preguntéis por qué, pero siempre viví pensando que el privilegio y la bendición de ser papás estaban destinados a otros, no a mí. En ese sentido, siempre tuve la estima muy baja. Quien me conoce un poco tiene claro que soy muy fuerte. Quien me conoce bien, sabe que soy muy frágil.

Y cuando me he querido dar cuenta, el “tito jovencito” se ha plantado en casi cuarenta tacos (Nube Violeta me llamaría exagerado por decir esto). Me gusta escribir historias y, cuando tenía treinta y pocos, me entró una especie de crisis existencial y la necesidad de escribir una novela grunge pseudoautobiográfica sobre un chico que, tras vivir toda la vida con su novia, esta decide marcharse un día por no poder tener un hijo con él y sentirse culpable. Él termina escribiéndole una carta al hijo que nunca tuvo ni tendrá con ella. Afortunadamente, esa carta no la escribió nunca el personaje (no terminé la historia) ni en la ficción, ni la he escrito yo en la realidad. De hecho, ya no tengo esa necesidad imperiosa de “exorcizarme” por escrito que tenía hasta hace poco.

Desde hace seis días, solo oigo canciones preciosas y melódicas en mi cabeza. El miércoles 17 de febrero, el “día B” (de Beta), veníamos de celebrar mi nubecita y yo dieciocho años juntos el día anterior. Por primera vez en mi vida, solo quería pensar en positivo, que mis poros irradiaran buenas vibraciones, darle un empujón a nuestro “redondito/a”. Quería estar optimista como cuando teníamos veinte años, no quería pensar nada negativo ni ponerme en lo peor. La visita a la clínica fue accidentada, porque nos pilló averías en el tren, y duró el tiempo de un pinchacito. Cuando a Nube le sacaron sangre, nos dijeron que podíamos irnos, que nos avisaban por teléfono en un par de horas o tres.

La llamada casi nos pilla en el supermercado jaja. Fueron dos horas larguísimas, pero nuestra bolita estaba tan fuerte y agarradita que no hubo que esperar más. Yo creo mucho en los “momentos epifánicos” de la vida, y además creo que soy bueno dándome cuenta de ellos en tiempo real. Me explico, un “momento epifánico” puede ser el primer beso, la primera vez que ves la nieve, una visita inesperada de un ser querido, cualquier momento feliz que parece o quieres que dure para siempre. Yo sentí eso aquel miércoles. Esa sensación de que, afortunadamente, había un antes y un después de esa llamada, de que mi vida y la de mi Nube no volvería a ser la misma nunca más. Y sí, los hombres lloramos...y lloramos muuuuuucho. No hice otra cosa tras la confirmación. Me abracé a mi Nube y estuve llorando mucho tiempo. Y en cada lágrima soltaba aquellas piedras, aquellas espinas, aquellos baches y aquellas polvaredas del pasado y se mezclaban con la felicidad máxima. Todo, absolutamente todo, fuera lo que fuera, había merecido la pena.

Y ahora soy un orgulloso “esperante de redondito”, deseando que llegue la ecografía del 2 de marzo. He comprobado que existen dos tipos de felicidad según la duración de esta: finita y continua. La primera dura un instante, y se va desvaneciendo. La segunda es la que sentimos mi Nube y yo, una sensación que no se despega, que te acompaña hagas lo que hagas, que no te deja. Y ES MARAVILLOSO.

Every cloud has a silver lining

Toda nube tiene una veta plateada
(No hay mal que por bien no venga
o el lado bueno de las cosas)


lunes, 22 de febrero de 2016

Modo betaesperante ON...

Tras deciros el resultado de nuestra beta, no os he contado cómo fueron los días de betaespera y os lo explico a continuación.

Preferí estar tranquila sin autoanalizarme al escribir. 
Me sentí muy positiva y feliz todos esos días, ya que según los profesionales la actitud también puede influir por las hormonas que generamos y quería que para nuestro embri todo fuesen cosas bonitas, nada de adrenalina producida por el miedo y el estrés, ni cosas feas.

Para ello estuve hablándole y tocándome la tripa constantemente, Mr. Cloud también lo hacía. No había día que saliese o llegase que no tuviese un beso para mí y otro para la tripita, la sonrisa no se nos quitaba de la cara... fue muy bonito.

Estuve oyendo vídeos de Youtube (porque tenía que tener los ojos cerrados) sobre “sonrisa interior” que recomendó @Luisicasasto, una buena amiga de la infertilpandy, dando paseitos, comiendo todo lo que se recomienda, bebiendo Aquarius... No quería dejar de hacer nada que fuese bueno para nuestro "bolito" (bonito+bolita+bollito).

Mr. Cloud me sorprendió un día con un ramo de ocho rosas, todas rojas menos la del centro, de color rosa, que simbolizaba a nuestros embrioncitos fecundados y el que destacaba era nuestro precioso pequeñín. Bombones, tarjetitas llenas de palabras colmadas de bonitos sentimientos... Todo se le hacía poco para mimarnos y cuidarnos.

Pinterest.com

Fueron unos días en los que realmente me sentí flotando entre nubes.

Pero no os negaré que en algunos momentos me sentía rara, extraña, como si estuviese representando un papel que no iba conmigo, que no me correspondía, como si recreara una mentira, porque el camino ha sido tan largo y tan duro que es inevitable pensar que nunca te va a tocar a ti. Te acostumbras demasiado a perder y la posibilidad de ganar por una vez cuesta asumirla de manera totalmente sincera.
Por suerte estos momentos fueron escasos y no les dejé mucho espacio.

No quería hacer una lista de síntomas, porque la verdad es que hacen más perjuicio que beneficio... Pero no pude evitar la tentación de buscarlos, una vez más, y siempre me sirvieron para ponerme más nerviosa al leer que ese nuevo síntoma que nunca sentí también puede ser causa de la medicación, o pensar que aquel otro puede estar solo en mi cabeza, o que justo ese síntoma inequívoco es el que me falta...

Pero como a mí tampoco me gusta que nadie me trate con condescendencia porque soy mayorcita para elegir lo que quiero y no quiero hacer, no voy a ocultar mis psicosíntomas y allá van:

-Encías hinchadas. Me pasó durante los primeros días de la betaespera, pero también lo tuve en mi primera IA y fue un negativazo, así que no se le puede dar mucho valor...

-Pinchazos en mi ovario dormido (siempre el que noto es el otro antes de la regla) y en el centro del útero.

-Sensación de tensión en la zona del útero.

-Despertarme sobre las 4-6 de la mañana y costarme mínimo tres horas el volverme a dormir.

-Dolor en los riñones y en los huesos de la cadera. (Esto me empezó antes de la transfer, así que imagino que no tendrá nada que ver)

-Mini nauseas, salvo una vez por un olor feo no he tenido arcadas y no me han impedido comer.

-Sensación de que se cierra el estómago y dolor intenso en el estómago. Me pasó justo tras comer un bombón, pero ni había pasado de la campanilla...

-Gases y sensación de movimiento.

-Mareo al agacharme o moverme un poco más rápido.

-Sensibilidad al roce en los pezones. Fue destacado sólo un día y una vez lo sentí incluso más intensamente cuando buscaba de manera natural, así que o esa vez me quedé embarazada sin enterarme ni tener un sólo día de falta o tampoco es de fiar.

-Pecho hinchado. No de manera exagerada, pero lo noto en la ropa que me aprieta más y me duelen un poco a veces al apretarme.

-Vientre hinchado. Esto es bestial! Desde el primer día tengo un tripón que flipo. Siempre he sido redondita, pero esto es mucho más que mi michelín, parece que estuviese de cuatro meses!

-Un poco más de cansancio y sueño, pero no mucho más de lo normal por el ritmo de trabajo y lo dormilona que soy de por sí.

-Súper olfato. Este es el único síntoma al que realmente le presté más atención y por eso mismo no estaba segura si quería ver más allá de la realidad, porque si es verdad que a ráfagas notaba olores mucho más intensamente de lo que debería oler por lo lejos que estaban sus focos, no me daba naúseas ni era algo que sucediese de manera constante. Nunca estuve segura de que fuese fruto de mi imaginación o no.

-Orgasmo espontáneo. Fue en sueños y bastante doloroso (nunca me han dolido), además la sensación de dolor duró bastante y me asusté mucho por miedo a que mi pequeñín lo hubiese sentido y fuese malo para él/ella.

Por lo demás, nada más (si me acuerdo de alguna otra cosa, editaré el post).
No he orinado más de lo normal, ni he tenido estreñimiento, ni nada más que yo recuerde...


Pues nada más hasta hoy.

Muchas gracias por seguir de cerca mi historia y espero que siga hasta el final feliz, y que todas y cada una de vosotras viváis también la historia completa hasta tener a nuestros bebés en los brazos.

Hasta el próximo post!

Y llegó el día de la beta...

Me salto una vez más el orden cronológico y os contaré como fue ese día para dejar las sensaciones y sentimientos de la betaespera en este otro post simultáneo.

Allá vamos...


Página 19 del libro "Agujetas en las alas" de Dani Rovira.*

Ese día nos levantamos tempranito para acudir a la clínica. Me duché, nos arreglamos, desayunamos... y salimos rumbo hacia allí con muchísima esperanza.

De camino y a mi lado de la carretera vi un conejito que había salido a buscar alimento dando saltitos. No pude evitar pensar que era una señal y me sacó una sonrisa.

Una vez en la clínica, al poquito me llamaron para ir a la pequeña sala donde extraen la sangre y me preguntó la enfermera cómo me sentía y si había tenido manchados. Dije que me sentía bien, un poco nerviosa y que, por suerte, no había tenido ningún manchado. 

Cerré los ojos, como siempre, sentí el pinchacito, me pegó el esparadrapo y me dijo que en unas tres horas recibiríamos la llamada con el resultado.

Volvimos a casa, fuimos juntos a hacer la compra para darle a ese tiempo de nerviosismo algo de tranquilidad y tareas que nos evitase pensar y cuando llegamos ¡tenía una llamada perdida de hacía dos minutos! 

Habían llamado antes de la hora que dijeron (lo cual me parece genial para no incrementar la tensión si dicha llamada se retrasa). No sé qué me pasa que nunca oigo el móvil, a pesar de haber comprobado tres veces que lo tenía a máximo volumen... pero casi mejor, porque devolví la llamada desde el fijo de casa con el manos libres, que se oye mejor, y así pudimos oír el “veredicto” los dos juntos.

La chica de recepción nos pasó con la enfermera, que confirmó mis datos con voz un poco aséptica (lo cual nos acojonó un poquito), y nos dijo: 
-Enhorabuena, estás embarazada.-

En ese momento se produjo un estallido bestial en nosotros: Mr. Cloud dio un salto y un grito y yo, como tenía el teléfono en la mano, me controlé un poco, al menos en la voz, pero me puse a llorar con una sonrisa de oreja a oreja y no podía parar de repetir "gracias, gracias, gracias".

No recuerdo bien qué más dijo o más bien cómo lo dijo. Le pregunté el valor de la beta (mi primera beta en sangre reflejada en un número) y su respuesta fue 440. 
Nos aclaró que a partir de 100 era embarazo, así que era un buen valor. 
Me dijo que continuase con la medicación como hasta ahora y que a partir de la semana 12 (creo) irían quitándomela progresivamente. No presté mucha atención, mi alegría no me dejaba, porque ya cara a cara el día de la ecografía me enteraré bien.

Me pasó con la enfermera para coger la cita para la eco, que nos dieron para el 2 de marzo, y hasta aquí la llamada.

Desde entonces no puedo describir lo que sentimos, era una mezcla tan grande de sentimientos, todos preciosos y positivos, que no podíamos parar de llorar y reír a la vez. Fue muy intenso e inolvidable.


Una vez que recibimos el positivo y hasta el día 2 de marzo que es el día que tenemos la primera ecografía junto con mis queridas @IndiaSerMama y @ajdufyrjjjkk (Ayoli, nunca te he preguntado... Te eligió el nick un gatete?) son muchos días de espera en los que no tienes confirmación de que todo sigue bien, por eso ayer domingo decidimos Mr. Cloud y yo que era el momento adecuado para desempolvar ese ClearBlue, que llevaba una eternidad sepultado en el cajón de las medicinas para ni verlo, y usarlo por fin, ya que yo me había prometido a mí misma que ese test solo podría dar positivo.

Además no habíamos visto nada por escrito que nos confirmase el resultado, ya que la comunicación fue vía telefónica y aún no habíamos ido por el informe, claro... 

¿Y si se habían equivocado y nos habían llamado a nosotros con la beta de otra chica? Sí, son paranoias absurdas, pero por un microsegundo estas cosas se me suelen pasar por la cabeza...

Así que con la primera orina de la mañana lo usamos y ¡tachán! salieron las palabras mágicas “Embarazada”, pero nadie me avisó ni había leído nunca que para que saliesen las semanas había que volver a esperar con el relojito parpadeante y me dio un poco de yuyu que tras la espera saliese el “No” o nada... pero por suerte lo que reflejó la pantalla fue “2-3” y pudimos respirar tranquilos.




*Quería ilustrar este post con una página del libro de Dani Rovira “Agujetas en las alas y 88 razones para seguir volando” que parece hecha para la #Infertilpandy. (Espero no tener que quitarla por temas de derechos de autor, en realidad es promoción...)
El libro al completo me parece una maravilla tanto por su texto, compuesto de microrelatos de pocas líneas que me recuerdan a la fragilidad y belleza de un haiku, como por sus preciosas ilustraciones.

Creo que la magia de la vida hizo que llegase a mis manos su página 19 justo en estos momentos para poner palabras e imagen a lo que siento tras la noticia de mi embarazo.

El miedo nunca ganó a la felicidad. El miedo

tan solo era una palabra de cinco letras.


Poco más que decir... En mi historia el miedo y la cautela nunca fueron una ayuda y hasta el momento la felicidad parece que por fin se abre paso...

lunes, 8 de febrero de 2016

Ya te llevo en mi interior...

¿Cómo empezar este post? En el último os conté que el sábado sería nuestra transferencia, pero desde que escribí, algunas cosas han cambiado, ya que, en vez de dos, nos trajimos con nosotros a un precioso embrioncito, del que espero no separarme jamás.

Papá y mamá esperando para ir a por ti.

Fue el día más emocionante de mi vida hasta hoy. No sé qué pasará, pero este fin de semana mágico no se irá de mi recuerdo en la vida.
Por primera vez era verdad que había una pequeña vida "latiendo" en mi interior, a diferencia de en la betaespera de las IA, que aunque intentaba creer que fuese cierto, era un probabilidad remota que nunca sucedió.

Hoy me siento embarazada y me acaricio la tripa, le mando mensajitos constantemente llenos de amor, esperanza y confianza en él. Sé que va a hacer todo lo posible por quedarse y yo voy a hacer todo lo posible porque se quede, al igual que su papá, que nos ayuda a que todo sea más fácil y cómodo.

Bueno, ahora os contaré un poco lo que sucedió hasta este momento.

El mismo sábado muy muy tempranito, recibimos la llamada del laboratorio para informarnos cómo habían evolucionado nuestros pequeñines estos dos días. Uno era excelente, en palabras del biólogo, y de los otros, tres eran calidades 1 y 2 y procedían a vitrificarlos. Los otros cuatro seguían evolucionando, pero los dejaban en observación.

Aunque nuestra idea inicial era transferir dos, su consejo era transferir solo el mejor, ya que la política de la clínica es “UN niño sano en casa” y había muchas posibilidades de que nuestro campeón se quedase conmigo.
Así que miré a Mr. Cloud, le indiqué mediante mímica lo que me estaban contando, haciendo ver que yo estaba de acuerdo y él me dio el O.K.
También nos dijo que para futuras transferencias, sí que recomendaba transferir dos, ya que la tasa de implantación descendía un poco al descongelar.

Pues con ese cambio de planes, que en el fondo nos ilusionó más, porque si pensaba así es que realmente nuestro embri era muy muy bonito, nos dirigimos a la clínica.

Una vez allí, un celador muy amable nos dirigió a una bonita habitación, que por superstición, agradecí que fuese una diferente a la de mi punción. Me preguntó si tenía ganas de hacer pis, y la verdad es que aunque hacía media hora que me había bebido medio litro de agua, tal y como recomendaron, no sentía apenas... Así que me dijo que me cambiase, poniéndome mi camisón y no dejando nada de cintura para abajo (excepto mis calcetines molones), me pusiese el gorro verde ese tan mono y esperase a tener más ganas de orinar para llamar a la enfermera.

También nos dijo que como ya habían acabado las intervenciones por el día, Mr. Cloud podría pasar a ver el proceso. Menos mal, porque si no hubiese podido estar, no habría sido lo mismo... Le ayudé a ponerse la bata, se puso el gorro y nos sentamos tranquilamente a esperar que mi vejiga se hiciese notar. Luego llamamos y al ratito vinieron a acompañarnos a la sala correspondiente.

Nos atendió la doctora Hipster que, como siempre, estuvo muy cariñosa y sonriente. Me coloqué en posición “elegante”, ya me entendéis, vamos “espatarrá” y empezó el proceso.

Mr. Cloud estaba junto a mí cogiéndome la mano y cuando ya estaba todo preparado para realizar la transferencia, entró el chico con el que tanto había hablado por teléfono (y digo “chico” porque es muy joven y guapete, yo me lo imaginaba bastante más mayor por la voz) con un tubo largo, transparente y estrecho donde estaba mi pequeño embrioncito. Desde entonces no pude parar de llorar, pero tampoco lo reprimí. Creo que es la primera vez que no me ha importado llorar en público, claro que era de total alegría.

La pantalla era de esas que según le da la luz no se ve bien, y vi el proceso un poco regulero, pero me daba igual, lo importante era que la doctora lo viese perfecto y mi marido también porque si no, podría cambiarse de sitio (me aseguré preguntándole).

Una vez introducida la cánula, se pudo ver cómo la cavidad se llenaba de un liquidito que inmediatamente se difuminaba y en el centro, un punto de luz brillaba.

La doctora hispter nos dijo que mi endometrio seguía muy bien y que había sido una transferencia de libro. Nos preguntó si queríamos una foto del momento y le dijimos que sí.

El biólogo confirmó que el embrión no seguía en la cánula y me quedé unos minutos quietecita, para después pasar a la camilla deslizándome. Me taparon con una sábana verde que estaba muy calentita. Esos detalles se agradecen, la verdad.

Me llevaron a la habitación y debería permanecer allí de veinte minutos a media hora antes de bajar para orinar. Si tenía ganas podría llamar a una enfermera para que me pusiese una cuña, pero no hizo falta.

Recordé lo que una amiga de la #Infertilpandy comentaba sobre lo bonito que eran esos momentos en los que, después de la transferencia, estás con tu chico y tu pequeño embrión en la habitación solos por primera vez y pensé que, si todo seguía bien, ya nunca más iría sola a ningún sitio. Era todo tan bonito y emocionante...

Mi chico estaba tan emocionado como yo o más, me acariciaba la tripa, le daba besitos... En algún momento, le dije: os dejo solos, y no parábamos de sonréir y de disfrutar el momento. Habíamos pasado tanto esperando estar en ese punto, que nos parecía mentira y queríamos saborearlo al máximo.

Al poco tiempo entró la doctora. Yo estaba con los ojos mojados por las lágrimas y la mayor de las sonrisas. Me dijo que me veía muy emocionada sonriendo también y me indicó la pauta a seguir: Debería seguir tomando, el ácido fólico, 3 Meriestras diarias y poníendome 300 mg. de Progesterona, como hasta entonces. Y durante unos cuatro días debía evitar hacer esfuerzos o movimientos bruscos.

Me indicó también la fecha de la beta y me deseó que todo fuese bien.

Empecé a contar los veinte minutos que me dijeron tras salir de la transferencia que debía esperar, desde que la doctora salió por la puerta, aunque finalmente esperé 30, por si acaso... Hasta que ya tenía muchas ganas de hacer pis, fui al baño con movimientos lentos y sujetándome la tripa y oriné sin querer hacer nada de fuerza.
Luego me vestí, me miré la tripa en el espejo de pie mientras la acariciaba y le mandaba todo mi amor y bajamos a recepción para que nos diesen hora y caminamos tranquilamente hasta una tienda cercana.

En mi cabeza no paraba de pensar que ese era su primer paseo, la primera vez que bajaba escalones... Compramos unos besitos de calabaza y pensé que era su primera comida (además de que me pareció un nombre muy bonito para dirigirme a él, junto con lucecita, estrellita y unas cuantas maneras más que se nos fueron ocurriendo)

Todo esto puede parecer una locura, pero hasta que se demuestre lo contrario, estoy embarazada y quiero conectar con ese embrión tan bonito que crece en mí desde el primer momento. Luego, ya se verá...

El resto del fin de semana ha sido una maravilla, he descubierto en Mr. Cloud cuotas de felicidad que desconocía y yo me he sentido mejor que nunca. Están siendo los días más bonitos en estos 38 años que tengo, sin lugar a dudas.

Hemos hecho balance juntos de todos estos años de amor y de todo lo que hemos tenido que superar y según palabras de Mr. Cloud, todo ha valido la pena para llegar aquí. Por supuesto, no puedo estar más de acuerdo con él.

Ha habido también momentos divertidos, como cuando le decía que su papá estaba un poco loco a lo que él me decía: ¿Ya vas a empezar a hablarle mal de mí? Y nos partíamos de la risa, para a continuación intentar arreglarlo diciéndole que ya lo comprobaría por sí mismo, aunque ya lo conocía porque era parte de él... Y otra vez a llorar...


El día 17 tenemos la cita para conocer el resultado de la prueba de embarazo en sangre. Hasta entonces quiero seguir en mi nube violeta.

jueves, 4 de febrero de 2016

Mogollón de noticias y emociones

Uff, qué de cosas han pasado desde el último post. O no, en realidad se resumiría muy rápidamente, pero para mí han sido los días, más duros e intensos que recuerdo en mucho tiempo.
No he podido escribir por falta de tiempo y porque no estaba pa´ná y ahora me va a quedar un post interminable, pero creo que es mejor no cortarlo en capítulos esta vez. Espero que tengáis paciencia para llegar hasta el final.

¿Qué preferís, la versión resumida o explicada?
Seré buena y os hago spoiler del final, que yo me pongo muy ansiosa cuando a una noticia le precede un prólogo interminable y si estoy implicada, entro en apnea y a tener microinfartitos (Mr. Cloud por favor, deja de hacerlo...)

Tenemos la transferencia, si todo sigue bien como hasta ahora, este sábado de dos blastocistos que espero que estén preciosos, sin duda para mí lo serán.

Pinterest

Ahora voy con la versión extendida explicando mis locos estados de ánimo, porque se me ha ido la olla muy mucho y he estado muy alterada e insoportable, lo reconozco...

El lunes fue el día en que estaba programada la punción de nuestra hadita-donante, nos avisaron el viernes previo que recibiríamos la llamada durante la mañana, así que aprovechando que ese día no tenía que ir a trabajar de mañana, no me despegué del teléfono ni un segundo.

La espera se me hizo eterna, pero la pasé acompañada de mis compañeras de batalla a través del móvil y no me dejaron ni un segundo. De hecho una de ellas inició un bonito movimiento al que siguieron otras muchas para desearnos suerte a otras chicas que tenían ese día noticias importantes y a mí: “todo cruzado hasta el pelo” y empezaron a enviar fotos de sus trenzas. ¡No me digáis que no son para comérselas! Emoción en estado puro.

Poco antes de las 12 suena el teléfono y como lo tenía en la mano en ese momento, por poco lo tiro, esperé dos segundos antes de contestar y al otro lado, una voz amable me preguntó si era yo diciendo mi nombre completo y dos apellidos y seguidamente me preguntó que cómo estaba. Sólo pude contestar que estaba nerviosa y expectante, queriendo que acabasen las palabras de cortesía y recordando, sin querer, la vez anterior en que una doctora se dirigía a mí después de una punción en la que estaba igual de impaciente e ilusionada. En esas milésimas de segundo pasó por mi cabeza momentáneamente la idea de que las palabras siguientes diesen malas noticias, pero también me dio tiempo a analizar el tono de su voz e intuir que tras esa voz dulce no podían venir nada negativo porque se vislumbraba tranquilidad e incluso una media sonrisa.

Diez.

Esa palabra sonó fuerte y clara y ya todo lo demás bajó de volumen.
Antes me dijo que había ido todo muy bien y siguió explicando el procedimiento: Debería empezar a ponerme 300 ml. de Progesterona cada 8 horas, seguir tomando las 3 Meriestras diarias y continuar también con el ácido fólico (hace años que tomo ininterrumpidamente Femibión ProNatal I, que es muy completo y añade más componentes y vitaminas. Tomo uno al día. El dueño del laboratorio se paga las vacaciones gracias a mí cada año).

Al día siguiente volvería a llamar a ver cómo se habían portado los soldaditos espartanos de mi chico y me informaría de cuántos habían fecundado.

Al colgar me quedé unos minutos observando lo que había apuntado en el cuaderno a la vez que hablábamos, y junto con la pauta no podía dejar de mirar lo que con letra nerviosa, rápida y fea, fruto de los nervios, había escrito: OK ¡10 maduros!
Así, entre signos de exclamación.

Pensé en mi donante. Espero que hubiese ido acompañada y se recuperase pronto. Que sepa, que en algún lugar, hay una pareja que se emociona nada más pensar en su existencia y esperan que todo le vaya muy bien en la vida. GRACIAS.

Incluso antes que a Mr. Cloud, informé a mis niñas, ya que a él le tocaba trabajar en un lugar que no podía usar el móvil y además iba a estar rodeado de gente, así que me dijo que prefería poder disfrutar la noticia tranquilo conmigo en persona, y no tener que mirar al móvil y tener que tapar su alegría (porque él estaba convencido de que iría bien, yo no estaba tan segura...)

Se me ocurrió una forma un poco ñoña para darle la noticia (a veces, muchas veces, soy así). Me pinté las yemas de los dedos con corazoncitos de rotulador permanente rojo. Uno en cada dedo.

Cuando finalmente mi marido entró por la puerta, y me preguntó qué tal había ido todo (con unos ojos llenos de expectación que ni el muñequito más kawaii), le enseñé las manos con los dedos pintados y me dijo: ¿Diez?, esperando mi confirmación y cuando le dije que sí, nos dimos un abrazo de esos en los que se para el mundo y lloramos juntos de pura felicidad.

Las noticias siguientes fueron bastante buenas también, ya que habían fecundado ¡ocho!. Seis eran muy buenos y otros dos intermedios (palabras del embriólogo, para mí los 8 son pura magia y lo más bonito del mundo).

Entonces fue cuando empezó lo bueno... Me preguntó si queríamos hacer transferencia a 3 días o si queríamos llevar a cultivo largo y transferir en forma de blastocistos. Aunque sabía que se produciría la pregunta no pude responder, porque mi idea siempre fue que tomaría la decisión en función del número de embriones que hubiese y seis me parecía en ese momento que era la medida justa intermedia para considerar que no eran ni muchos ni pocos. Me dijeron que aún tenía tiempo de pensarlo en próximas llamadas.

Las horas posteriores se produjo en mi cabeza una ciclogénesis explosiva cuanto menos. Pensé en todas las opciones, me puse en lo peor de lo peor, me entraron todos los miedos, lo consulté hasta con las paredes, me puse muy pesada y obsesiva.

Tenía pánico a que sólo evolucionasen esos 6 y que por decidir llevar a blastos nos quedásemos bajo mínimos. Quería ser conservadora y poder incluso guardar alguno vitrificado para posteriores transferencias por si la primera fallaba. Me paralizaba el miedo, era incapaz de tomar una decisión.

La verdad es que el que el día de la transferencia la decidan los futuros padres me parecía estupendo, pero es muchísima presión y pensar en tomar una decisión incorrecta me tenía muy agobiada.

Al día siguiente de nuevo tuve problemas para ponerme en contacto con la clínica y con ese caldo de cultivo en mi cabeza, me volví un poco loca. Me habían llamado durante mi jornada laboral y no había podido contestar, y en menos de dos horas volvía al trabajo y de nuevo no iba a poder contestar y no podía llamar yo porque había problemas con la línea de teléfono de la clínica.
En ese estado de frustración me dio por llorar como una tonta, sí, sé que soy gran defensora de no reprimir el llanto y no asociar palabras peyorativas a ese hecho, pero realmente ahora me avergüenzo de no haberlo gestionado de otra manera, pero es lo único que pude hacer en ese momento.

Tras mandarle un par de Whatsapps catastrofistas a Mr. Cloud, logré calmarme un poco y volví a mandar un email y al momento la chica de recepción, que es un amor, como todas las personas de la clínica que han tenido que sufrirme en este tiempo, me tranquilizó diciendo que llamarían bastante antes de que me fuese, pero que en esos momentos no podían pasar la llamada porque justo estaban microinyectando óvulitos y no podían pasar llamadas al ser algo de tanta precisión que hasta el mínimo ruido puede interferir.

Me gustó mucho saber que todo el equipo mimaba tanto el proceso. Imaginé al embriólogo, que tan amable me atendía siempre, súper concentrado haciendo magia con sus manos y ayudando a personas como yo a crear vida. Me emocioné al pensarlo y me quedé muy muy tranquila sabiendo que iba a poder exponer todas mis dudas con tranquilidad estando en casa junto a mi cuaderno de dudas y mi boli preparado para apuntar sus respuestas.

Además la chica de recepción que me atiende siempre por teléfono (A cualquier hora! Parece que vive en la clínica o tengo imán para que siempre esté ella cuando yo llamo. Espero que le paguen muy bien) me dio un número de teléfono alternativo por si alguna vez me volvía a pasar lo mismo, tener otro al que recurrir. Luego le mandé un mensaje de agradecimiento por ser tan cariñosa y paciente. ¿Qué menos?
Creo que si bien nos quejamos muchas veces de falta de empatía entre los profesionales, está bien reconocer cuando lo hacen bien y te hacen sentir cómoda y comprendida. Nunca está de más decirlo, porque a todos nos gusta saber que se percibe y valora el amor con el que hacemos las cosas y entre el equipo médico y administrativo me he encontrado muy a gusto hasta ahora, esa es la verdad.

Volviendo al comecocos... Mr. Cloud y yo habíamos llegado a la conclusión de que nos dejaríamos guiar por la opinión de los que saben. Él decía que no se veía capáz de tomar esa decisión tan importante porque no sabía tanto del tema como yo, aunque se había informado todo lo que había podido y que su opinión era esa. La verdad es que vi, como casi siempre, que tenía razón. A veces nos creemos que sabemos más que los médicos y muchas veces hay que escuchar más.

En seguida llamó el embriólogo y me contó que seguían evolucionando bien. Le trasladé mis dudas y me contó que bajo su opinión y entendiendo que nos jugamos mucho y que quisiéramos asegurar más intentos, su objetivo era intentar un embarazo a la primera y que el mayor índice de que esto se produjese era con blastos. Así que tras cambiar de opinión un par de veces en la misma conversación según respondía a mis cuestiones, le dije, convencida por fin, que seguíamos hasta cultivo largo.

De todos modos el pobre hombre no estaba convencido de que estuviese segura al 100% (muy normal, yo tampoco me hubiese tomado muy en serio que alguien me diga tres decisiones diferentes y diametralmente opuestas en menos de un minuto...) y me dijo que el mismo día en que los embris cumplían 3 días, llamaría a primerísima hora para ver si todo continuaba bien y si no, ese mismo día podíamos ir corriendo a hacer la transferencia.

Y ese día es hoy.

Nuestros embris siguen evolucionando bien. De los seis más guapos tenemos calidades 1 y 2 (en mi clínica son más de ciencias que de letras... jeje) y de los otros dos embrioncitos, uno sigue siendo intermedio y el otro va un pelín más rezagado pero también sigue evolucionando. Así que ya no recibiremos más noticias hasta el mismo sábado, día de la transferencia, a primerísima hora de nuevo.

Ahora toca dejarlos tranquilitos, confiar en ellos, que hagan su trabajo, se sigan poniendo bonitos y fuertes para venirse con mamá. (Uff, no puedo escribir esto sin llorar...)

El sábado iré con mis calcetines (que después de haber comprado otros, encontré en Fnac y son perfectos por la frase y por las nubes...) y mis braguitas de la suerte, también tengo que comprarme un camisón que tengo que llevar que no tengo ninguno, salvo los “zezis” de la boda y luna de miel. Menudas risas me he echado con mis #ovogirls por este tema... ¿Os imagináis que me presento con un picardías negro transparente para la transferencia? No, que mis chiquitines se iban a pensar que su mamá es un “pitón” verbenero y no se van a querer quedar... jajaja.


Os dejo con las dudas resueltas por parte de mi embriólogo (algunas respuestas las conocía gracias a la #infertilpandy, pero quería oírlo de boca de él) por si en algún momento necesitáis tomar una decisión de este calibre, podáis tener más datos y evitar, en la medida de lo posible, la locura transitoria.

DÍA 3 vs BLASTOS

Primer round. Los blastos descongelan un poco peor que los embris a día 3 (sobreviven un 85%, creo que este es el porcentaje que me dijo. El otro índice es algo mayor, pero no me he quedado con el dato.)
Round para los embris de 3 días.

Segundo round. El llevar a los embris a blastos es recomendable para poder seleccionar mejor a los más aptos. En caso de que haya poquitos, es un riesgo que no merece la pena correr, ya que pueden quedarse en el camino y que sí hubiesen podido evolucionar en el útero. La tasa de supervivencia para llegar de día 3 a embris ronda el 60%.
Empate técnico. Es necesario saber con cuántos embriones contamos para poder atender a este criterio al decidir y también es algo muy personal y subjetivo decidir lo que es tener muchos o pocos embriones. Teniendo 6 buenos, no me parecía una razón de peso para decidir en mi caso concreto.

Tercer round. Los blastos tienen mayor tasa de embarazo que los embris a día 3. Lo cual no significa que un embri de día 3 no pueda generar un embarazo ni mucho menos, de hecho hay embris que a día 3 evolucionan y se implantan y no hubiese llegado a blasto (por muy cuidado que sea el entorno del laboratorio, nunca llega a ser tan bueno como un útero), pero si llegan, garantiza que son más fuertes.
Round para los blastos, que ganan por K.O.

Y eso es todo, espero poder contaros que el sábado ha ido todo bien y la fecha de mi beta.

Un besazo desde las nubes (de color violeta, of course).