domingo, 13 de diciembre de 2015

Segunda inseminación artificial

Ya os conté lo duro que fue el primer negativo, pero eso pasó y me tragué mis sentimientos, aunque seguían ahí haciéndome daño desde dentro, y me recompuse como pude.

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Tiré de picaresca y decidí hacer caso omiso a esperar un nuevo ciclo y con la siguiente regla, me planté en ventanilla para pedir cita. Nadie me dijo nada de que no pudiese iniciarse tratamiento por acercarse la navidad, así que al menos podía continuar en ese ciclo... O eso pensaba, porque justo cuando tuve la primera eco (esa con regla que tan agradable es), que por cierto, fue con la dra. Matanueras, jefa suprema del departamento de reproducción asistida y rancia como ella sola, (que no se percató que ahí estaba yo desoyendo sus indicaciones de esperar otro ciclo. El que no mire a la cara jamás a sus pacientes tenía que tener alguna ventaja...) me vio un quiste funcional, así que paradojas del destino, me vi obligada a quedarme en el banquillo, pero al menos era por una razón de peso...

Me recetó las primeras anticonceptivas que tomé en mi vida, y a casa.
Aquí se produjo la segunda llantina por móvil a un marido que al estar en el trabajo y no poder expresarse al estar “con público” se volvió a quedar con el corazón como una patata. Pero reconozco que esta vez para mí fue menos doloroso que la otra vez.

Comentaros que durante todo el proceso desde que nos derivaron a Reproducción Asistida y en cada parón por las pruebas (como la histerosalpingografía, que según se dice, la prima de una amiga de una conocida de alguien se quedó embarazada tras esta prueba), entre tratamientos... Siempre quise sentir que eran oportunidades para que se produjese un embarazo espontáneo. Era mi manera de buscar positividad para afrontar cada espera, era tiempo de descuento. Y puedo asegurar que desde el primer momento en que nos pusimos en manos de profesionales y muchas de las ocasiones anteriores incluso, nuestros encuentros amorosos fueron sóla y exclusivamente por placer (salvo los programados, y aún así lo intentamos), sin ansiedad, nervios, ni nada de eso...

El problema era otro, claro, pero lo digo por aquellas personas que piensan que somos unas agonías de la vida que no nos quedamos embarazadas porque nos boicoteamos a nosotras mismas por nuestras ansias neuróticas de tener un bebé. ¡Basta ya!

El 19 de enero de 2015 comenzamos la siguiente estimulación, que fue exacta a las anteriores, no sé si sería adecuada o no, porque nunca hubo variaciones, salvo en número de días de administración. Y paro aquí para hacer un inciso: Veréis que no os doy información sobre número de folículos, tamaños, localización, tamaño del endometrio... Pero no es porque no quiera dar esos datos o los pase por alto, es que nunca se me dió esa información, aunque la pidiese, ya que la dra. Matanueras no contestaba aunque lo preguntase expresamente y respondía con respuestas esquivas y bordes, claro que siempre estaba muy ocupada respondiendo por el móvil a los pacientes de su consulta privada como para escuchar mis tonterías... Los ginecólogos más amables se limitaban a decir que iba bien y punto.


La inseminación fue el día 28 de enero (esta vez molestó un pelín), la regla debería haber bajado el 13 de febrero y el test negativo fue el 17. Hicimos lo mismo que la vez anterior, TE el día antes para no enfrentarme sola a la noticia. Y como siempre, negativo. Lo afrontamos con la entereza que pudimos y a seguir.

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