domingo, 13 de diciembre de 2015

Primera inseminación artificial

Empecé la historia de mis tratamientos por el final, por la FIV que al final no pudo ser. Hoy empiezo a contar cómo fueron mis cuatro IAs. Pensaba hacerlo todo en un mismo post por ser siempre la misma pauta de medicación independientemente de la respuesta (“maravillas” de la Seguridad Social), pero finalmente me han quedado siete paginazas y tendré que hacerlo por capítulos. Empezamos.

Recordar que tras pasar todas las pruebas diagnósticas estábamos en el cajón del origen desconocido porque todo supuestamente estaba perfecto (salvo esa operación de endometriosis quística en ambos ovarios que tuve en 2010, un detallito sin importancia al parecer... Menos mal que me queda la ironía!)

PRIMER TRATAMIENTO DE INSEMINACIÓN ARTIFICIAL

Pinterest.com

Pauta: Primera inyección de 75 ml. de Menopur a las 22,00 el 16 de octubre de 2014 (en el tercer día del ciclo como máximo tras la regla, otras veces me dijeron que podía ser hasta el día quinto), última inyección el 24 de octubre.

25 de octubre 250 ml. de Ovitrelle.

Descanso un día e inseminación el 27 de octubre con vejiga llena, fue un momento y no dolió ni molestó nada.

A partir de entonces, 3 comprimidos de Meriestra cada noche a la vez y un óvulo de Progeffik cada 12 horas.

El 12 de noviembre ya se cumplió el día 28 de mi ciclo, cuando hasta entonces solía tener ciclos de 22, 24 o como mucho 26 días, con lo que las ilusiones no podían estar más arriba. Me sentía embarazada, tenía síntomas que San Google daba como muestras inequívocas de embarazo, tenía un retraso ya para mí importante... Tenía las reservas de ilusión y esperanza por las nubes.

Como mi marido no podría acompañarme el día de la prueba, decidimos hacernos un TE el día antes. Nos quedamos congelados al ver el negativo, no pudimos reaccionar, fue durísimo... Pero no quise creérmelo del todo, quería esperar a la prueba en el hospital.

Entonces las búsquedas de Google cambiaron y tras investigar vi que la progesterona produce retrasos en muchas mujeres y síntomas idénticos a los del embarazo. Nadie me informó de ello, con lo sencillo que habría sido ofrecer esa información y hubiese sido muy valioso para haber amortiguado un poco el golpe.

Al día siguiente, el 15 de noviembre, fue la fecha de la prueba de embarazo, realizada en orina y donde no aportaron más datos que el negativo.

Cuando pregunté cómo proceder cuando bajase la regla (porque previamente otra ginecóloga me había explicado que todos los TRA iban seguiditos), me dijeron que como se acercaba la navidad (os recuerdo que eso fue a fecha ¡15 de noviembre!) era mejor esperar otro ciclo, pero ya me dieron el volante para pedir cita en ventanilla para la siguiente vez, protesté tímidamente porque no sé qué me pasaba en esa consulta que me volvía pequeñita, invisible y no atendieron a mis peticiones.

No me lo podía creer, lo único que me animaba en ese momento era pensar que podría empezar pronto y tener la esperanza de poder acabar el año embarazada.

Salí de allí llorando, y llamé a mi marido para desahogarme de camino al aparcamiento. Me derrumbé en lágrimas, fue la primera vez de muchas. No sólo se había confirmado el negativo por si nos quedaba algún resquicio de esperanza, es que además nos impedían empezar en seguida con una razón absurda. Me sentí frustrada, enfadada, tratada sin que se tuviesen en cuenta mis sentimientos, silenciada, anulada, insignificante...

Ese día lo pasé llorando desconsoladamente en casa, me tumbé en el sofá, me tapé la cabeza con una manta y no podía parar. Mi marido se desesperó al verme así durante horas y horas. Es difícil de digerir, lo entiendo y a él también le dolía lo que había pasado, pero al no seguirme en mi total desconsuelo, lo traté como si fuese mi mayor enemigo, como si no me comprendiese cuando sólo intentaba calmarme, me recreé en la espiral del dolor y el sufrimiento y me autoconvencí de que estaba sola en esto y nadie en el mundo podía entender mi dolor.

No me siento orgullosa de haber tenido estos pensamientos, sino todo lo contrario, me avergüenza mucho haberme esforzado en buscar un enfrentamiento con mi marido, cuando hacía todo lo que podía por mí y olvidé que no sólo yo llevaba a cuestas la infertilidad, que a él le dolía de igual manera. Pero no sé, fue como si necesitase tocar fondo y sentirme la persona más desdichada sobre la faz de la tierra...

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