domingo, 8 de noviembre de 2015

Ya está todo OK, estamos casados, ahora a saco a por el bebé!!!

Como os contaba en la anterior entrada, me sometí a una operación que afortunadamente resultó muy bien, nos casamos y todo era felicidad. ¿Sí?

Pinterest.com

Desde la operación mis reglas y mis ciclos cambiaron. Fueron mucho más cortos (ciclos de 22 días o incluso menos a veces y muy muy muy abundantes, casi incapacitantes en ocasiones porque nada podía contener los sangrados y tuve muchos accidentes, con lo que tenía que sentarme o dormir con plástico debajo para no calar al colchón o al sofá).

Se lo comenté al médico de cabecera y me dijo que podía pasar, que a lo largo de la vida las reglas cambian por muchos motivos, que es algo muy sensible y que con una operación como la mía, es algo que entra dentro de lo normal, que poco a poco se me iría normalizando...

En la revisión del año tras la laparoscopia, en la que esperaba que me dijeran que todo estaba bien, me detectaron un pólipo en el endometrio, lo cual justificaría los abundantes sangrados y el no haber conseguido quedarnos embarazados, al menos parecía haber una explicación...

En una ocasión expulsé un cuerpo duro del aspecto de costra y del tamaño de mi dedo meñique y nos asustamos muchísimo, fuimos a urgencias y no nos aclararon absolutamente nada de lo que era (más bien a las conjeturas que yo iba proponiendo ante su incómodo silencio, me iban diciendo que podía ser), y ni siquiera nos adelantaron la siguiente prueba que teníamos para la que nos quedaban que esperar un montón de meses.

Nos dijeron, palabras textuales, que sólo nos la adelantarían si tuviese un cáncer terminal. (Ya os hablaré más sobre el trato de los “profesionales” en mi asco-hospital, y no sólo era el trato emocional, físicamente también me han hecho mucho daño que creo gratuito...)

Otra vez comenzó el rosario de pruebas dilatadas en el tiempo y finalmente me lo quitaron con una histeroscopia quirúrgica. Otra vez fueron dos, se analizaron, fueron benignos y me dijeron que no comprometería a mi fertilidad, de nuevo.

Tras tener luz verde, volvimos de nuevo a la búsqueda y ahora sí que sí entraron en nuestra vida las aplicaciones para apuntar los encuentros sexuales, las reglas y poder calcular los días más fértiles, hice el intento de la medición de la temperatura basal, pero mi termómetro digital era una patata, compré test de ovulación (cuyas caritas sonrientes y la sensación que se produce al verlas es lo más parecido que he tenido a un positivo de los otros...), la observación del flujo...

En fin, todas esas cosas que hacemos para conocer nuestro cuerpo e intentar controlar nuestra naturaleza infértil y que nos hace convertirnos en unas locas desquiciadas.

Pues nada, el bebé seguía siendo un profesional jugando al escondite...

2 comentarios:

  1. Que rabia me da nuestro hospital de verdad. Con migo también siento que no han acertado en nada y que no han sabido dar tratamiento a mi problema. Menos mal que al menos nos han derivado a una buena clínica. Un besazo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es una pena que no pongan algo más de cariño y atención en cada paciente, ahorrarían tanto malestar y sufrimiento... Pero la verdad es que, salvo la falta de información, que era algo bastante generalizado, las peores experiencias han sido con la jefa del departamento y con el ginecólogo de urgencias y por ejemplo las chicas de farmacia son un encanto y el personal que me trató cuando las operaciones también fueron muy cuidadosos. Qué pena que un par de garbanzos podridos nos hagan estropear el caldo...

      Pero vamos, que tienes toda la razón, lo importante es que ahora ya estamos en otra clínica totalmente diferente y que confío que sean los que nos faciliten llegar a nuestros bebés. Ojalá tu beta dé positiva!

      Un beso.

      Eliminar