lunes, 23 de noviembre de 2015

Crónica de una FIV fallida

Cuando os conté mi historia os expliqué rápidamente cómo fueron mis TRA, pero no profundicé en detalles y me quedó la cosa de haber pasado de puntillas.

Empezaré hablando de mi FIV. Como os conté aquí, la estimulación para la in vitro no fue bien desde el principio.

Toulouse Lautrec

Comenzamos el día 3 del ciclo con 300 de Fostipur y a partir del día siguiente cambiamos a 225 y añadimos 75 de Menopur.

En las primeras ecografías de control no aparecían folículos y luego sólo se veía uno que no crecía, con lo que me hicieron analítica para ver cómo estaba la hormona antimülleriana y ver si podíamos seguir o no.

Durante el tiempo de espera para los resultados, decidimos ir a dar un paseo mi marido y yo. Era mucha presión y estallé en lágrimas diciéndole que si mi cuerpo me impedía ser madre biológica quería intentarlo con óvulos de donante. La idea siempre me rondó por todos los altibajos de esa estimulación ovárica, pero nunca lo había verbalizado con él por miedo a adelantar acontecimientos y por un poco de superstición, por qué no decirlo...

En esa interminable media hora le expliqué todo lo que hasta entonces sabía del proceso y le conté que necesitaba sentir crecer a nuestro bebé en mi interior, darlo a luz, alimentarlo... Y todo eso no dependía de si mis ovarios eran capaces de producir óvulos.

Él al principio fue reticente, porque le costaba asumir la idea de tener un hijo que no se pareciese físicamente a mí. Siempre hemos fantaseado con los parecidos y renunciar a eso no siempre es fácil, aunque ahora me parezca una trivialidad.

Cuando me trasladó sus inquietudes dejé de llorar y le dije que se tomara su tiempo para pensarlo, que era una decisión en la que tendríamos que estar los dos al 100% unidos. No quería presionarlo con ello. Pero unos minutos después me dijo que ya estaba bien de sufrir, que iríamos a por nuestro sueño y se iba a dejar de detalles y “tonterías”, que sabía que llegaría el día en que me quedase embarazada, daría a luz a nuestro hijo y que estábamos los dos juntos en eso. Era justo lo que necesitaba oír en ese momento. No puedo estar más agradecida a la vida por haberme puesto en mi camino a una persona tan maravillosa como mi marido.

Al volver a la clínica el resultado de la hormona fue bueno y decidieron continuar. Subimos las dosis a 300 de Fostipur y 150 de Menopur en el día 7 del ciclo. Llegaron a crecer hasta 5 folículos de buen tamaño en uno de mis ovarios y otros dos más pequeñitos, así que imaginaros la explosión de alegría ante la noticia. Me faltó tiempo para contárselo a mi marido y nos volvimos a llenar de esperanza.

A partir del día 11 del ciclo añadimos a la pauta establecida, 0,25 de Orgalutrán hasta el día 14 del ciclo (tres pinchazos al día para una belonefóbica no está mal, todo por la causa!) y el 15 por fin cambiamos todo por 250 de Ovitrelle. Descansamos un día y llegó el ansiado día de la punción.

Pero las malas noticias no habían acabado, porque finalmente, sólo pudieron recuperar 3 ovocitos que no fueron buenos. La endometriosis había afectado tanto a mis ovarios que no podíamos continuar.

Cuando nos dieron la noticia, yo aún estaba aturdida por la sedación de la punción, y la verdad es que me quedé igual. Fue raro. No puedo decir que lo esperara, porque realmente estaba segura que al menos dos o tres de los cinco que se veían en las ecografías serían válidos, pero estaba tan acostumbrada a tener malas noticias que no me sorprendí. Nos dijeron que valorarían nuestro caso para informarnos de las siguientes opciones y nos quedamos solos en la habitación.

Fue salir la ginecóloga por la puerta y mi marido se sentó en la cama junto a mí, se me abrazó llorando durante minutos y minutos. Yo tampoco pude contener las lágrimas, pero sentí que él estaba sacando ahora lo que en todos estos años se había guardado y tenía que acompañarle sin palabras en su desahogo. Sabía que él necesitaba eso más que nada.

En ese momento me dijo que no quería que volviese a pasar por lo mismo y que si alguna vez había tenido dudas, ahora estaba completamente seguro de la ovodonación.

Era momento de recomponer juntos nuestros pedacitos y volver a la carga con energía e ilusión a raudales.

Y en esas estamos. Tachando cada día en el calendario para la próxima cita y cruzando los dedos para que no surjan más esperas y complicaciones y poder ir, por fin, a por nuestro amado bebé.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Aprendiendo a quererme

Cuando os conté mi historia, os comentaba que el llegar a aceptar mi esterilidad me llevó a un camino pedregoso en el que me sentí muchas veces hundida en el más oscuro, profundo y húmedo de los pozos.

Francine Van Hove

Me despreciaba a mí misma, la autoestima bajó hasta quedar en números rojos y de cuidarme para estar lo mejor posible preparando el nidito para un futuro hipotético hijo, pasé a no cuidarme absolutamente nada.

Descuidé mi aspecto, mi alimentación, dejé de hacer cosas que me gustaban, de querer salir, dejé de comunicarme con mi pareja y lloraba en silencio... No tenía ningún tipo de motivación. Los días para mí eran una tortura que me recordaban que cada semana, cada mes, cada año, era un poco más vieja y me alejaba más de la posibilidad de tener un hijo.

La imagen de mí misma como una mujer estéril no fue fácil de asumir. Desde pequeña siempre me había imaginado siendo mamá. Se puede decir que es el único gran sueño de mi vida, algo en apariencia tan sencillo y que para mí se hacía imposible, se me negaba, algo para lo que la naturaleza no me ha dotado.
No podía superarlo y me odiaba a mí misma cada segundo de mi existencia.

Envidiaba de la manera más negativa a cualquier persona que tuviese hijos, incluso aunque su situación fuese lamentable en otras aspectos, y dejé de ver la bondad en las personas, vivía amargada, mi corazón se fue ennegreciendo y dejé de ser yo.

Un día me descubrí tocando fondo y ya tuve que compartirlo con mi pareja, le abrí mis sentimientos y le dije todo lo que tenía dentro, él se asustó mucho por verme tan cerca de la autodestrucción psicológica y tras una larga charla en común donde lloramos mucho y tras la que nos sentimos más unidos que nunca, llegamos a una determinación: que seguiríamos luchando pero más juntos que nunca para conseguir ser padres, y con una promesa por mi parte: intentar volver a ser la mujer entusiasta y positiva que siempre había sido.

Entonces me apunté a Zumba, a cursos de maquillaje y estilismo... Quería sentirme bien conmigo misma por dentro y por fuera. Pero estos planes no surtieron el efecto esperado, ya que debido a todas las veces que tenía que faltar a Zumba y para evitar inventar más excusas, acabé dejándolo y aún no estaba preparada desde el interior para embellecer el exterior, además de que en los cursos de maquillaje y estilismo era la única aún-no-madre y a cada poco volvía a sangrar la herida.

Entonces empecé tímidamente a acercarme al mundo virtual, en principio muy poco a poco y sin apenas participar, pero un día decidí dar el salto definitivo abriéndome una cuenta en Twitter y fue cuando conocí a la increíble #Infertilpandy.

Esa fue mi auténtica llave para cambiar: Conocer a mujeres que abrían sus vivencias al mundo y compartían sus inquietudes y sobre todo su apoyo incondicional, ver cómo admiraba a cada una de ellas por su enorme fortaleza y darme cuenta de que realmente yo era una de ellas, fue cuando empecé a cambiar la imagen de mí misma y mi autoestima.

Una de esas amigas que he tenido la inmensa fortuna de encontrar en el mundo virtual, lanzó una idea que se alojó en mi cabeza y empezó a ramificar y crecer. Ella hablaba de “perdonar a su cuerpo” y sentía como una liberación haber agotado el último cartucho con sus óvulos.
Al principio no entendía esa felicidad con la que ella trataba el tema, siempre he necesitado de un duelo para cada negativo, cada piedra en el camino, cada mala noticia... pero es verdad que cuando me llegó mi momento poco después, entendí completamente a lo que se refería.

Cuando has dado hasta el último aliento intentando conseguir algo, cuando has visto que no se puede hacer más agotando todos los recursos a tu alcance, quizás es el momento de cambiar de estrategia y ser consecuente con tu realidad, no queda otra que asumir lo que la vida te ha dado y buscar respuestas y soluciones, no estancarte en batallas sin sentido.

Y no sólo eso, te empiezas a sentir orgullosa de todo lo que has tenido que superar para llegar a ese punto. Me veo a mí misma antes de que todo esto comenzase y aunque, evidentemente, de haber podido nunca elegiría volver a vivirlo, sí que me gusta quien soy ahora, quienes somos ahora como pareja. Mucho más fuertes, mucho más maduros, mucho más unidos, mucho mejores personas. Llevar la resiliencia por bandera.

Hace poquito tuve la oportunidad de asistir a una clase “demo” de Biodanza muy muy intensa, y lo que empezó siendo una celebración de la vida y una fiesta, pasó en un momento a ser un espacio de recogimiento y de gratitud hacia una misma. Fue precioso...

De los ritmos brasileños y de canciones tipo “feel good”, pasamos a melodías más relajadas, las luces se apagaron y teníamos que hacer, con los ojos cerrados si queríamos, movimientos en sintonía con la música de manera improvisada y centrándonos en nuestro cuerpo y nuestro propio ser, para luego pasar al MOMENTO: Seguimos con los ojos cerrados y el guía de la actividad nos indicó que nos pusiéramos cómodos y nos centrásemos en nuestras propias manos y acariciarlas pensando en todo lo que hacen por nosotros y por los demás cada día, y sintiésemos ese momento como un regalo. Un tiempo dedicado 100% a nosotros mismos y con ese gesto, pensar en lo que tenemos que autoagradecernos.

No puedo explicar con palabras todos los sentimientos que afloraron. Por primera vez estaba totalmente concentrada en darme las gracias a mí misma por todos los años de lucha vividos, por todo lo que había superado y por todo lo que me había castigado también. Fue muy intenso y mágico. Y creo que simboliza muy bien lo que quería explicar.

Creo que necesitaba reencontrarme conmigo misma para salir de esa espiral de dolor que tan facilmente nos arrastra... Para mí fue romper el cascarón y abrirme a la #Infertilpandy y mirar en mi interior cambiando la imagen de mujer destruida y derrotada por la de #Infertilgladiadora, pero seguro que para ti también existe y ayuda a sanar un poco las heridas.


¿Qué es para vosotras aquello que os hace sentiros bien en vuestra piel?

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Premio-cariñito para inaugurar el blog!

Pues sí, mi querida India del blog India quiere ser mamá (Nos conocemos desde hace tiempo a través de Twitter y es un amor de chica), me ha regalado, nada más empezar, este premio tan chuli para arrancar el blog con buen pie. Espero hacerme merecedora de él entrada a entrada.


Como todo premio, el mantenerlo en el blog conlleva una serie de obligaciones (algo así como cuidar un Gremlin... Jeje, primera ida de olla del día...) 

Son éstas:

  • Nominar a 15 blogs
  • Contar 7 cosas sobre mí que no sepáis.
  • Agradecer a quién se ha acordado de mí.

Empezaré por el final, gracias, gracias, gracias, India bonita, espero estar a la altura!

Contar 7 cosas sobre mí que no sepáis no debe ser difícil, porque me acabáis de conocer... Jeje. Allá voy!

1. Me requetechifla escribir al ordenador metidita en la cama, de hecho esta entrada está siendo escrita así.

2. Creo que lo he contado alguna vez, pero no aquí. Tengo un test de esos digitales Clearblue guardadito al fondo de un cajón desde hace tres tratamientos (se pueden establecer los tratamientos como medida de tiempo standard?) esperando para ser EL TEST, y si tengo que usar alguno, compro de los más baratos, ése sólo puede dar positivo!

3. Me gusta cocinar y sobre todo inventar recetas de aprovechamiento o de lo que hay en la nevera y que salga milagrosamente rico.

4. Soy una loca de los artículos de papelería, manualidades, repostería... Hay cosas que he comprado y que aún ni he usado, pero no me puedo resistir...

5. Tengo la manía de contar escalones. No puedo subir o bajar sin contarlos al menos una vez, aunque después ni me acuerdo del número ni nada, pero tengo que hacerlo...

6. Me encanta caminar descalza.

7. Disfruto viendo películas de miedo sola, aunque soy muy cagona y luego no me atreva a levantarme ni para ir al baño.

Y ahora la parte más difícil de todas, nominar a 15 blogs! Pero si yo no creo que conozca tantos!!! No voy a mirar si ya tienen el premio o no porque si no, sería imposible...Si ya lo tenéis o no os apetece hacer la entrada correspondiente, tomadlo como una muestra de cariño, porque voy a poner blogs que significan algo para mí o que alguna vez he leído desde que empecé a navegar por la red y me dieron algo de luz. Empezamos.

1. Tic Tac, Se me pasa el arroz Es el primer blog que leí y el que me llevó a la #Infertilpandy a la que tanto le debo, aunque ya no actualice, para mí es muy importante.

2. El blog de la Red Nacional de Infértiles Por la maravillosa labor que hacen para hacernos el camino más fácil.

3. Infértil Desvergonzada Me encanta cómo se expresa y el tono general de su blog. 

4. Diario de una baja respondedora Inés es mi referente a seguir, ya que está felizmente embarazada mediante ovodonación.

5. Ovodonación: Nuestro camino hacia ti, nuestro camino Es un blog que está dedicado 100% a ovo
y creo que es muy necesario tenerlo de referencia, ya que nos sentimos bastante perdidas las #ovogirls.

6. Desafío Infértil Junto con Inesita, es mi otro gran referente, ya que también está embarazada teniendo endometriosis, dianóstico que compartimos.

7. En busca de mi monstruito Además de contar su camino hacia la maternidad de una manera muy amena, aporta su visión como hija adoptada y me encanta conocer su punto de vista.

8. Mamá y papá Jones Habla de los desconocidos trámites de adopción en tiempo real y es un camino apasionante.

9. Proyecto Probeta Acaba de sacar una betaza mediante adopción de embriones y además me encanta su iniciativa de la donación de medicación.

10. Estela y su Luna He seguido su historia muy de cerca y es de los primeros blogs que conocí sobre infertilidad.

11. Mis OvoMellizos El nombre lo dice todo, es mamá de niño y niña mediante ovo. Otro espejo en el que mirarse.

12. Berta Positiva Tiene una manera muy clara de explicarse y abarca muchos temas.

13. Hipster de Extrarradio Aunque está en este camino que muchas compartimos con sus altos y sus bajos, su blog también es una mirada fresca sobre otras cosas porque la vida no es sólo infertilidad.

14. Son nuestros hijos Por la labor que hacen para normalizar y legalizar la gestación subrogada en nuestro país.

15. Fertility Game La idea de ver los TRA como un videojuego me acompaña desde el principio. Por cierto, recuerda que aún no ha salido "Game Over" y quedan más partidas por jugar.

Y ya está! Pensé que nunca lo conseguiría!!!

Besos a tod@s!

martes, 10 de noviembre de 2015

Cómo ayudar a una persona infértil (Escucha Activa)


Desde que la infertilidad llegó a mi vida, tardé mucho en asimilarla, mi autoestima se vio dañada hasta límites insospechados y fue bastante duro de asumir. Hoy en día me veo a mí misma como una persona mucho más fuerte que la que empezó en este proceso y me siento muy orgullosa de mí misma, de mi pareja y del camino que hemos recorrido juntos.

Creo que la palabra resiliencia define muy bien quienes somos los infértiles: mujeres y hombres que lejos de dejarnos vencer por las circunstancias que nos abaten, nos levantamos una y mil veces de cada caída y salimos fortalecidos.

Bueno, que me voy por las ramas. Hoy no quería hablaros sólo de mi palabra favorita, sino de lo que un curso con Antonio Guijarro sobre Escucha Activa me aportó como aprendizaje aplicable al día a día y también en la manera de afrontar la infertilidad. Os daré algunas pinceladas con mis palabras y mi percepción, pero si tenéis oportunidad de asistir a uno de sus cursos y escucharlo en persona, no os arrepentiréis, os lo aseguro.
Partimos de la base de que en la sociedad en la que vivimos, el fallo es considerado como algo a evitar e incluso esconder y no asumimos ni los propios, ni los ajenos. Tenemos a veces miedo de atrevernos para evitarlo y no nos damos cuenta de que equivocarse es parte del aprendizaje de la vida y la única manera de que cada paso conseguido se valore en su máxima expresión.


Fotolog.com

Por otra parte, a veces es duro asumir un diagnóstico que produce infertilidad (o incluso más la infertilidad en sí sin diagnóstico), pero como dice Guijarro, cuando uno acepta su sombra, ésta se ilumina y para moverse a cualquier parte, primero hay que aceptar donde se está, porque ese el punto donde tienes que partir sea cual sea el destino.
Éste es el punto de partida, la aceptación de uno mismo con sus sombras, sus fallos y su situación en el espacio en ese momento.
Pero ahora bien, muchas veces tenemos choques con personas de nuestro entorno que con sus mejores intenciones (queremos pensar eso) nos intentan ayudar, pero sus palabras muchas veces nos hacen sentir peor.

Muchas veces, ellas se sienten incómodas con nuestro problema, y esa es la primera barrera, ya que para ayudar a otra persona tienes que partir de aceptar su problema de corazón, y muchas veces esto no es sencillo.

También las relaciones que establecemos con los demás, se suelen basar en jerarquías en la que uno se sitúa (inconscientemente o no) sobre el otro. Normalmente no lo hacemos con maldad, son años de práctica que llevamos a cuestas y que hemos desarrollado durante toda nuestra vida en la manera como hemos vivido en familia (Padres sobre hijos) o en la escuela (Profesor sobre alumnos), trabajo (Jefe sobre empleados)..., y muchas veces esto se percibe.
Lo ideal (y la única manera que debería existir) es enfrentarnos al problema del otro en una relación de igual a igual.

A veces a la otra persona nuestro problema le incomoda y trata de hacernos desistir de que el problema existe (Piensa en todo lo bueno que tienes, con lo bien que vives sin hijos... ¿Os suena?) Es como si te empujase fuera del sitio en el que estás (el que comentaba que debemos aceptar para ir a cualquier otro destino).

Por pura ley física, si alguien trata de “ayudarte” bruscamente, empujándote para moverte del sitio, intentarás recuperar la homeostasis y oponer resistencia para mantenerte en tu lugar. Ahí se produce un choque y en vez de sentirnos ayudados, nos sentimos agredidos de alguna manera, no se nos deja expresarnos y se nos hace entender que nuestro problema es absurdo.

También es interesante saber que en las lágrimas emocionales expulsamos hormonas que liberan el estrés y que de mantenerlas bloqueando el llanto pueden producir problemas psicosomáticos como dermatitis, tics, úlceras... De ahí la importancia de desahogarnos en su máxima expresión también, claro que hemos sido educados para no llorar y menos en público... Pero ése es otro tema en sí mismo (tratado aquí).

Guijarro sostiene que la manera en la que afrontamos un problema del otro, contiene un mensaje oculto, no siempre lo detectamos, pero a veces sí que llega y esa es la razón por la que nos sentimos mal, que la mayoría de las veces no somos ni conscientes de por qué tal comentario nos ha herido de esa forma y por supuesto la otra persona nos etiquetará de susceptibles, desagradecidos, etcétera, ya que sólo trataba de ayudarnos, encima...

Él habla de 13 respuestas “malditas” que son las que utilizamos comúnmente ante el problema de otra persona. Van desde dar consejos y dirigir la manera en la que se debe actuar a animar, consolar, cuestionar, desviar el tema, comparar (a mí también, a mí más, a Fulanita...), pero como decimos todos llevan un mensaje oculto, la mayoría de las veces es que lo que importa es lo que yo te digo porque tú sólo no eres capaz de solucionarlo o tu problema no es tan importante como los míos o de otros. (“Mal de muchos, consuelo de tontos”. No me ayuda. Te estoy hablando de MI problema...)

¿Entonces cómo nos dirigimos a una persona con un problema (de infertilidad o el que sea) para ayudarla de verdad? ¿Todo lo que diga va a tener un mensaje oculto negativo? Pues mejor me quedo callado... A veces sería lo mejor, pero no, es más sencillo que todo eso.
Para ayudar a otra persona de verdad sólo hay que partir de dos cosas: aceptarlo como está y transmitir esa aceptación.

¿Y cómo se hace?

No haciendo nada cuando la otra persona no se dirija a nosotros.
A veces sabes que una persona tiene un problema, pero no busca tu ayuda, 
déjale su espacio, pero que sepa que estás ahí para ella.

Y si te cuenta su problema, escuchar con reflejo, activamente.
Ir reflejando lo que vas entendiendo para que el otro lo vaya corrigiendo, 
no pasa nada por no haber pillado el sentido de lo que te quiere expresar a la primera. 
Es sólo comprensiva, no evaluativa. 
El sentirse escuchado le hará sentirse reconfortado.

Todo el mundo tiene la solución en su interior (una margarita no crece porque tires de ella), 
si es que en ese momento necesita una solución, 
a veces sólo necesitas canalizar lo que sientes y verbalizarlo.

La base de esta manera de actuar es que cada persona llegue a crear su propio camino, sin directrices o consejos que le lleguen desde el exterior.

Los mensajes ocultos de estas respuestas son: Te acepto,
lo importante eres tú y me interesa profundamente lo que me estás contando.

Hicimos una práctica por parejas y es increíble ver cómo tú mismo llegas a crear
tus propias conclusiones sólo por sentirte escuchado.

Os pongo un ejemplo que me voy a inventar de cómo actuar siguiendo  este patrón:

-Llevo x tratamientos y no sé si alguno funcionará alguna vez.
-Te da miedo esa incertidumbre.
-Sí, porque es mucho desgaste tanto emocional como físico e incluso económico.
-Estás agotada.
-Agotada no, cansada, pero siento que aún me quedan fuerzas para seguir.
-Te frustra el no saber si la siguiente será la buena, pero vas a seguir intentándolo.
-Claro, no quiero desistir y pensar en el futuro que pude haberlo conseguido 
de  haberlo intentado una vez más. No tengo fuerzas para rendirme.

He acabado con esa frase porque me encanta
y define muy bien el clima emocional en el que nos movemos las personas infértiles.

Bueno, me ha quedado un post bastante largo, pero creo que es interesante
y espero que os ayude como a mí.

Un beso muy fuerte y gracias por acompañarme.

domingo, 8 de noviembre de 2015

¡Ya estamos en la autopista!

Como os contaba antes, tras muchos años batallando con mi “zoo” de ahí abajo (Pólipos, quistes, teratoma y alguna que otra cosa que ya os contaré que ejercían de okupas molestos y no invitados), por fin estábamos en el camino que nos llevaría hasta nuestro bebé con ayuda médica.

Motoradictos.com

Hicimos nuestra primera inseminación artificial, con “muy buena pinta”, pero no lancemos las campanas al vuelo (aunque ya desde la descripción del blog tenéis un “spoiler” con el que sabéis que no se acaba ahí...)

Luego vinieron 3 IA más, todas con el mismo resultado negativo, minando nuestras fuerzas y hasta destruyéndome por dentro. (Lo explico mejor aquí).

Tras estos cuatro tratamientos fallidos (alguno de ellos de lo más chapucero y con varios parones, unos por motivos obligatorios y otros absurdos), nos derivaron, todavía dentro de la seguridad social, a una clínica especializada en la capital del reino, que llamaré "La clínica de mis sueños", ya que para mí fue como entrar en otro mundo.

En la clínica de mis sueños, simplemente revisando la documentación de la seguridad social y nuestro historial vieron algo que todo el mundo había pasado por alto, en el informe de mi primera operación aparecía la palabra “Endometriosis”, así que tras la primera cita que sólo era informativa, salí con un diagnóstico que explicaba todos estos años perdidos (y digo perdidos, porque con ese diagnóstico me deberían haber remitido directamente a FIV, me habrían ahorrado años de dolor y sufrimiento en el que además se había alimentado a la endometriosis en cada ciclo y con cada estimulación y mis óvulos habían envejecido).

Después de todo este tiempo la percepción de mi esterilidad y de mí misma ha cambiado mucho, ya os explicaré cómo y por qué, y he aprendido a no recrearme en el dolor, sino a canalizar las fuerzas, que no son muchas, en aquello que me hace feliz y me acerca a cumplir mi sueño, así que decidimos que no era momento de buscar culpables, ni de lamentarnos por el tiempo perdido, ni de malgastar tiempo y dinero en demandas que incluso siendo ganadas (cosa improbable), no nos devolverían lo perdido.

Así que nos concentramos en ese tratamiento con el 100% de nuestra ilusión, nuestras fuerzas y toda nuestra esperanza.

Desgraciadamente la FIV no resultó nada bien (más detalles aquí), pero me queda la sensación de que tanto los profesionales como mi propio cuerpo hicieron todo lo que pudieron y simplemente no pudo ser.
Tras recibir la noticia de que en la punción ningún ovocito había sido válido, en ese mismo momento tomé la decisión de tirarme en trampolín al siguiente paso, la ovodonación. Pero no fue una decisión espontánea. Ya os detallaré cómo llegué a ella y cómo al compartirla con mi marido llegó a decidir que era el mejor paso a seguir.

Me ha quedado un prólogo largo de cinco episodios, pero creo que era importante contaros lo que nos ha llevado a estar aquí. Al momento presente en el que estamos deseosos de que, gracias a una hada madrina a la que estaremos eternamente agradecidos por siempre, podamos cumplir el sueño de toda nuestra vida.

En estas semanas mientras mi cuerpo se recupera y nuestra hucha se completa para hacer frente al tratamiento, iré profundizando en cositas por las que he pasado de puntillas y que creo que merecen otro vistazo.

Os agradezco que me hayáis acompañado hasta aquí.
Un beso, de corazón.

Y nos derivaron a Reproducción Asistida ¡Por fin!

Como ya os conté anteriormente, ya llevamos dos operaciones en las que tras ellas nos aseguraban que mi fertilidad seguía intacta, pero el bebé seguía sin aparecer...

En una visita al médico de cabecera le comenté la situación y me dijo que para entrar en Reproducción Asistida tenía que tener 35 años, así que como por aquel entonces me quedaba poco más o menos un año para cumplirlos, decidí darme ese tiempo para intentarlo de la manera clásica, que seguro que estando ya “limpita” llegaría en cualquier momento...

Pinterest.com

Pero pasó el tiempo y en cuanto cumplí los 35 allá que me fui a verle de nuevo para pedirle que, ahora sí, me derivara a “repro”.

Las citas otras vez fueron alargándose en el tiempo y las pruebas y sus posteriores resultados más áun... Me sentí relajada sabiendo que estaba en manos de los profesionales en fertilidad y que dentro de poco nos llevarían ellos. Estábamos muy cerca de conseguirlo.

Empecé a disfrutar de nuevo de nuestros encuentros y nos dimos ese tiempo otra vez como tiempo de descuento en el que podía obrarse el milagro, (Esto lo he pensado en cada época en el banquillo, y hasta hoy, que ya sé que es prácticamente imposible, ya os contaré...).

Al final, cuando ya estaban todas las pruebas hechas tanto de mi marido como mías, nos dijeron que TODO ESTABA “PERFECTO” no había razón para que no se produjese el embarazo y podría llegar en cualquier momento.

Por supuesto en ese momento recibimos la noticia con la mayor de las alegrías, pero luego, con el tiempo, supimos que el estar en el cajón desastre del “Origen Desconocido” pesa como una losa... Puedes leer más sobre ello aquí.

Pues nos pusieron en lista de espera y por fin en octubre de 2014 comenzamos nuestra primera Inseminación Artificial.

Ya está todo OK, estamos casados, ahora a saco a por el bebé!!!

Como os contaba en la anterior entrada, me sometí a una operación que afortunadamente resultó muy bien, nos casamos y todo era felicidad. ¿Sí?

Pinterest.com

Desde la operación mis reglas y mis ciclos cambiaron. Fueron mucho más cortos (ciclos de 22 días o incluso menos a veces y muy muy muy abundantes, casi incapacitantes en ocasiones porque nada podía contener los sangrados y tuve muchos accidentes, con lo que tenía que sentarme o dormir con plástico debajo para no calar al colchón o al sofá).

Se lo comenté al médico de cabecera y me dijo que podía pasar, que a lo largo de la vida las reglas cambian por muchos motivos, que es algo muy sensible y que con una operación como la mía, es algo que entra dentro de lo normal, que poco a poco se me iría normalizando...

En la revisión del año tras la laparoscopia, en la que esperaba que me dijeran que todo estaba bien, me detectaron un pólipo en el endometrio, lo cual justificaría los abundantes sangrados y el no haber conseguido quedarnos embarazados, al menos parecía haber una explicación...

En una ocasión expulsé un cuerpo duro del aspecto de costra y del tamaño de mi dedo meñique y nos asustamos muchísimo, fuimos a urgencias y no nos aclararon absolutamente nada de lo que era (más bien a las conjeturas que yo iba proponiendo ante su incómodo silencio, me iban diciendo que podía ser), y ni siquiera nos adelantaron la siguiente prueba que teníamos para la que nos quedaban que esperar un montón de meses.

Nos dijeron, palabras textuales, que sólo nos la adelantarían si tuviese un cáncer terminal. (Ya os hablaré más sobre el trato de los “profesionales” en mi asco-hospital, y no sólo era el trato emocional, físicamente también me han hecho mucho daño que creo gratuito...)

Otra vez comenzó el rosario de pruebas dilatadas en el tiempo y finalmente me lo quitaron con una histeroscopia quirúrgica. Otra vez fueron dos, se analizaron, fueron benignos y me dijeron que no comprometería a mi fertilidad, de nuevo.

Tras tener luz verde, volvimos de nuevo a la búsqueda y ahora sí que sí entraron en nuestra vida las aplicaciones para apuntar los encuentros sexuales, las reglas y poder calcular los días más fértiles, hice el intento de la medición de la temperatura basal, pero mi termómetro digital era una patata, compré test de ovulación (cuyas caritas sonrientes y la sensación que se produce al verlas es lo más parecido que he tenido a un positivo de los otros...), la observación del flujo...

En fin, todas esas cosas que hacemos para conocer nuestro cuerpo e intentar controlar nuestra naturaleza infértil y que nos hace convertirnos en unas locas desquiciadas.

Pues nada, el bebé seguía siendo un profesional jugando al escondite...

La primera cita (de mi vida) en ginecología

Como os contaba en la anterior entrada, retrasé mi primera cita con el ginecólogo por no haberlo necesitado y por falta de tiempo. Fui con el convencimiento de que sería algo rutinario, me dirían que todo estaba bien y hasta el año que viene... Pero algo había.

Pinterest.com

Me fueron mandando más y más pruebas que se dilataron durante meses y meses, y me dijeron que tenían la sospecha de que había un teratoma en un ovario (Gracias San Google por las pesadillas...), que es algo con lo que probablemente había nacido y que podría dificultar el embarazo. Había que operar.

Me hicieron una laparoscopia quirúrgica y me dijeron que habían quitado lo que vieron y un quiste más pequeño en el otro ovario.

Había que hacer biopsia de ambos para descartar que fuesen tumores malignos y esa es toda la información que me facilitaron.
Finalmente fueron benignos y me dijeron que no afectaría a mi fertilidad y ahí se quedó la cosa.

Entre tanto decidimos casarnos y empezamos la búsqueda del bebé de una manera más activa que nunca, pero seguía sin llegar.

Recopilemos...

He tardado mucho tiempo en decidirme a escribir un blog sobre mi camino hacia la maternidad, así que para que entendáis por qué estamos en este punto (en espera para iniciar una ovodonación), creo que es necesario que os ponga en antecedentes.

¿Cómo resumir todo este periplo de años en una entrada? Imposible.

Creo que la única manera es haceros un resumen por capítulos para que tampoco se haga muy pesado y probablemente en el futuro tenga que volver a temas pasados para completar sensaciones y pensamientos en cada uno de los tratamientos, pero de momento, empecemos por el principio...

Fotolog.com

Mi chico y yo nos conocimos cuando rondábamos los 20 años y desde antes del año de estar juntos teníamos muy claro que queríamos compartir el resto de nuestra vida juntos y que queríamos tener hijos.

Los dos siempre hemos sido muy niñeros y hemos disfrutado mucho de los sobrinos, hijos de primos, de amigos... Con la certeza de que tendríamos los nuestros, dos como número ideal y hasta fantaseábamos con sus nombres.
Por aquel entonces nunca pensamos que tendríamos ningún problema para concebir, ¿quién piensa en esas cosas con 20 años? De hecho yo siempre había tenido el instinto maternal desarrollado desde bien chiquitita y una imagen de mí misma como de una mujer fuerte y sana, desde siempre he seguido la estela de mi padre y he sido reacia a tomar medicamentos si no era estrictamente necesario y pocas veces había tenido problemas de salud.
En aquella época luchamos muchísimo para establecernos y conseguir un trabajo. Cosa que nos obligó a vivir separados durante largos periodos de tiempo, pero todo ello sirvió para fortalecer la relación y finalmente poder vivir juntos.

Nos mudamos a otra comunidad y empecé a trabajar en un puesto que me requería mucho tiempo y no me daba respiros ni para ir al médico (tampoco lo necesitaba) y con este ritmo de trabajo fui retrasando el ir al ginecólogo porque realmente mis ciclos eran regulares y nunca había tenido ningún problema, así que hasta que con la crisis me despidieron después de años de servicio, decidí aprovechar para hacer cosas que había ido retrasando tanto de ocio como de salud y con 32 años pedí cita por primera vez para el ginecólogo.

Ahí empezó todo...