domingo, 13 de diciembre de 2015

Cuarta inseminación artificial

Acabada la gran chapuza, de nuevo los “atajos” no se me daban bien. 

Si mi triquiñuela para comenzar directamente la segunda estimulación por azares del destino no funcionó, esta vez que la dra. Matanueras me hacía el favor de ir rapidito, mi cuerpo dijo que mejor descansar, y de nuevo un quiste funcional me fastidió el plan y me obligó a estar en el banquillo. 

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Esta vez la ginecóloga que me tocó no me recetó anticonceptivos porque según ella no eran necesarios porque solían desaparecer sin necesidad de recurrir a ellos, así que me fui con el temor de que siguiese allí en el siguiente ciclo.

Otra llantina telefónica por la noticia y por la desconfianza... Pero ahora siento que ese parón era necesario. Gracias a él pude hacer un trabajo personal junto a mi marido de recobrar la confianza. Saqué fuera todos los sentimientos más oscuros que tenía sobre mí misma y al compartirlos con él me sentí mucho más aliviada. Fue el momento en que también empecé a abrirme a la #Infertilpandy y a empezar a quererme.

Hice un gran esfuerzo en cambiar el chip hasta el punto que quise creer que bajo la frialdad y el carácter desagradable y áspero de la doctora Matanueras, se escondía una buena profesional, pionera en la disciplina en mi comunidad y con el autolavado de cerebro personal, aprendí a cogerle hasta algo de cariño como para alegrarme de que me tocase ella en las citas posteriores.

Quise ver buena intención en su estrategia de comenzar el siguiente ciclo sin transición y me armé de ilusión por ese último tratamiento, aunque fuese de manera “autoimpuesta”. Sabía que era el último cartucho antes de pasar a FIV, que eso sí que sería “fácil”, pero en aquellos momentos tenía miedo a la hiperestimulación y a la punción y no quería pasar por ese último tratamiento de IA dándolo por perdido desde antes de empezar, no era positivo para nadie y ¿quién sabe? Quizás nuestro bebé naciese gracias a él.

El 28 de mayo de 2015 por fin pudimos empezar de nuevo con el Menopur, siguiendo la pauta de siempre y el 10 de junio fue la inseminación, con el mejor valor de seminograma de nuestra historia 90 millones de soldaditos espartanos espabilados, rápidos y guapísimos dispuestos a conquistar el óvulo. Además la gine que me tocó me dijo que había muy buen moco (lo siento por el factor escatológico) y que todo estaba perfecto para que esta vez saliese todo bien.

Nos ilusionamos más que nunca y pasé la betaespera más dulce de todas, los síntomas (a los que no haré nunca referencia debido a que nunca significaron nada) se duplicaron, el animalito que vive con nosotros me daba lametoncitos en la barriga, cosa que no había hecho hasta entonces, conocidas me preguntaban si estaba embarazada porque me notaban “algo”... En fin, una locura que me hizo creer que esta vez sí que sí, pero como siempre fue no que no.

Por primera vez me bajó la regla antes de dejar la progesterona y la Meriestra incluso. Sueños rotos.

Esta vez mi marido se lo tomó peor por lo buena que había sido su muestra, lo bien que había ido todo supuestamente... y como nos decían que a cada intento se incrementaban las posibilidades y estábamos “perfectos” en el saco del origen desconocido, pues se esperanzó y esta vez me tocó a mí estar más fuerte y poder consolarlo.

Al menos habíamos quemado una etapa necesaria y en la última cita llevamos todos los papeles necesarios para tramitar el paso a FIV, que en el asco hospital no se hacía, sino en una clínica especializada de la capital. 

Investigué y solían dar cita como en mes y medio, tiempo que tardaba la tramitación del expediente, ya que no tienen lista de espera, pero mi marido necesitaba tiempo para recomponerse. Me pidió irnos de vacaciones y retomarlo todo en septiembre. Y así fue, en julio recibí la llamada para ir a la primera cita en la nueva clínica y cogimos fecha el 16 de septiembre. 

Pero esa es otra historia y la cuento aquí.

Hoy estoy a tope de energía positiva porque justo mañana es mi primera cita para comenzar la ovodonación. ¡Deseadme suerte de la buena!

Os quiero.

Tercera inseminación artificial

Tras reponernos del segundo gran golpe, en este tercer tratamiento sí pudimos empezar directamente con la siguiente estimulación y el 23 de febrero de 2015 comenzamos con los pinchazos.

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Esta vez, quizás porque nos tocó otro ginecólogo o porque fue mal, sí recibimos alguna información más. Los folículos no acababan de madurar y tuvimos que retrasar la inseminación tres días más, pero se programó todo sin verificar que estaba correcto y finalmente el 9 de marzo mi doctora favorita (nótese la ironía) me dijo que se había realizado sin que aún hubiese ovulado (genial, porque además esta vez sí que me había dolido porque no sólo es brusca en su manera de expresarse, y hasta una eco de control podía llegar a ser muy dolorosa y sin avisar ni mostrar la más mínima empatía o consideración), pero que no pasaba nada porque los espermatozoides aguantan un par de días.

Nos “recetó” relaciones programadas ese mismo día y el siguiente por la mañana (nosotros insistimos un poco más las dos mañanas siguientes, poniendo el despertador a las 6,30 porque tocaba trabajar después, muy romántico todo...)

Lo raro es que la doctora me dijo que siguiese con la medicación hasta el día 30 aunque me bajase la regla y que fuese a hacerme la prueba (antes siempre decía que si bajaba la regla, dejase la medicación y pidiese cita directamente), y que a los cinco días empezábamos el tratamiento incluso sin esperar regla. Pienso que lo hizo por limpiar algo su conciencia porque visto que la habían cagado sobre manera haciendo la inseminación de esa manera, al menos quiso que a la siguiente y última vez (la Seguridad Social en mi comunidad autónoma sólo cubre cuatro inseminaciones artificiales) fuese todo más rápido...

Tras la gran chapuza, perdí toda la fe en el departamento, me sentí tan mal que estuve a punto de abandonar, no podía más. Además coincidió con el momento más crítico psicológicamente para mí. Me sentía inútil como mujer, no le veía sentido a mi vida. La naturaleza me negaba lo que más quería y que para tantas personas que no lo “merecían” tanto como yo les venía dado sin ningún esfuerzo. Sentía lástima de mí misma, rechazo, odio, asco... Sentía a todo el mundo como mi mayor enemigo. Estaba al borde de la mayor de las depresiones. Aún quedaba un intento de IA y no me sentía con fuerzas para afrontarlo.

Quiero comentar, para ser justa, que la persona que peor me lo ha hecho pasar ha sido la jefa del departamento a la que llamo dra. Matanueras. Los demás, sin ser la repera, fueron algo más atentos, al menos me miraban a la cara, mostraban algo de empatía, trataban de resolver mis dudas aunque escuetamente (la culpa quizás también era mía por no insistir cuando me quedaba con dudas).

Sobre el personal de laboratorio, salvo alguna raspilla, la que solía atendernos para recoger la muestra y entregárnosla posteriormente era un encanto, siempre intentando transmitir positivismo, siendo bastante cariñosa, con una sonrisa en la cara. Mi más profundo agradecimiento a ella, porque aunque a veces me hacía ilusiones por sus palabras, la verdad es que ella hacía correctamente su trabajo, me informaba de la buena calidad de las muestras y me deseaba la mejor de las suertes. Un amor.

De las chicas de farmacia, que es el lugar al que hay que acudir para recoger la medicación, tampoco tengo la más mínima queja. Al contrario, cuando explicaban el modo de administración de las inyecciones fueron siempre muy atentas y agradables, además el último día que fui allí a por medicación, ya en plena FIV, pedí permiso para pegar el cartel que hice sobre la #Infertilpandy (que podéis ver al pie del blog y que tenéis a vuestra disposición) y les pareció una gran idea.

Tenían una caja de bombones que alguna mamá agradecida les había llevado y me dijeron que el mayor de los regalos para ellas era que les llevasen a los bebés para conocerlos y que esperaba que pronto yo pudiese presentarle también a mi retoñito. Un encanto.

Segunda inseminación artificial

Ya os conté lo duro que fue el primer negativo, pero eso pasó y me tragué mis sentimientos, aunque seguían ahí haciéndome daño desde dentro, y me recompuse como pude.

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Tiré de picaresca y decidí hacer caso omiso a esperar un nuevo ciclo y con la siguiente regla, me planté en ventanilla para pedir cita. Nadie me dijo nada de que no pudiese iniciarse tratamiento por acercarse la navidad, así que al menos podía continuar en ese ciclo... O eso pensaba, porque justo cuando tuve la primera eco (esa con regla que tan agradable es), que por cierto, fue con la dra. Matanueras, jefa suprema del departamento de reproducción asistida y rancia como ella sola, (que no se percató que ahí estaba yo desoyendo sus indicaciones de esperar otro ciclo. El que no mire a la cara jamás a sus pacientes tenía que tener alguna ventaja...) me vio un quiste funcional, así que paradojas del destino, me vi obligada a quedarme en el banquillo, pero al menos era por una razón de peso...

Me recetó las primeras anticonceptivas que tomé en mi vida, y a casa.
Aquí se produjo la segunda llantina por móvil a un marido que al estar en el trabajo y no poder expresarse al estar “con público” se volvió a quedar con el corazón como una patata. Pero reconozco que esta vez para mí fue menos doloroso que la otra vez.

Comentaros que durante todo el proceso desde que nos derivaron a Reproducción Asistida y en cada parón por las pruebas (como la histerosalpingografía, que según se dice, la prima de una amiga de una conocida de alguien se quedó embarazada tras esta prueba), entre tratamientos... Siempre quise sentir que eran oportunidades para que se produjese un embarazo espontáneo. Era mi manera de buscar positividad para afrontar cada espera, era tiempo de descuento. Y puedo asegurar que desde el primer momento en que nos pusimos en manos de profesionales y muchas de las ocasiones anteriores incluso, nuestros encuentros amorosos fueron sóla y exclusivamente por placer (salvo los programados, y aún así lo intentamos), sin ansiedad, nervios, ni nada de eso...

El problema era otro, claro, pero lo digo por aquellas personas que piensan que somos unas agonías de la vida que no nos quedamos embarazadas porque nos boicoteamos a nosotras mismas por nuestras ansias neuróticas de tener un bebé. ¡Basta ya!

El 19 de enero de 2015 comenzamos la siguiente estimulación, que fue exacta a las anteriores, no sé si sería adecuada o no, porque nunca hubo variaciones, salvo en número de días de administración. Y paro aquí para hacer un inciso: Veréis que no os doy información sobre número de folículos, tamaños, localización, tamaño del endometrio... Pero no es porque no quiera dar esos datos o los pase por alto, es que nunca se me dió esa información, aunque la pidiese, ya que la dra. Matanueras no contestaba aunque lo preguntase expresamente y respondía con respuestas esquivas y bordes, claro que siempre estaba muy ocupada respondiendo por el móvil a los pacientes de su consulta privada como para escuchar mis tonterías... Los ginecólogos más amables se limitaban a decir que iba bien y punto.


La inseminación fue el día 28 de enero (esta vez molestó un pelín), la regla debería haber bajado el 13 de febrero y el test negativo fue el 17. Hicimos lo mismo que la vez anterior, TE el día antes para no enfrentarme sola a la noticia. Y como siempre, negativo. Lo afrontamos con la entereza que pudimos y a seguir.

Primera inseminación artificial

Empecé la historia de mis tratamientos por el final, por la FIV que al final no pudo ser. Hoy empiezo a contar cómo fueron mis cuatro IAs. Pensaba hacerlo todo en un mismo post por ser siempre la misma pauta de medicación independientemente de la respuesta (“maravillas” de la Seguridad Social), pero finalmente me han quedado siete paginazas y tendré que hacerlo por capítulos. Empezamos.

Recordar que tras pasar todas las pruebas diagnósticas estábamos en el cajón del origen desconocido porque todo supuestamente estaba perfecto (salvo esa operación de endometriosis quística en ambos ovarios que tuve en 2010, un detallito sin importancia al parecer... Menos mal que me queda la ironía!)

PRIMER TRATAMIENTO DE INSEMINACIÓN ARTIFICIAL

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Pauta: Primera inyección de 75 ml. de Menopur a las 22,00 el 16 de octubre de 2014 (en el tercer día del ciclo como máximo tras la regla, otras veces me dijeron que podía ser hasta el día quinto), última inyección el 24 de octubre.

25 de octubre 250 ml. de Ovitrelle.

Descanso un día e inseminación el 27 de octubre con vejiga llena, fue un momento y no dolió ni molestó nada.

A partir de entonces, 3 comprimidos de Meriestra cada noche a la vez y un óvulo de Progeffik cada 12 horas.

El 12 de noviembre ya se cumplió el día 28 de mi ciclo, cuando hasta entonces solía tener ciclos de 22, 24 o como mucho 26 días, con lo que las ilusiones no podían estar más arriba. Me sentía embarazada, tenía síntomas que San Google daba como muestras inequívocas de embarazo, tenía un retraso ya para mí importante... Tenía las reservas de ilusión y esperanza por las nubes.

Como mi marido no podría acompañarme el día de la prueba, decidimos hacernos un TE el día antes. Nos quedamos congelados al ver el negativo, no pudimos reaccionar, fue durísimo... Pero no quise creérmelo del todo, quería esperar a la prueba en el hospital.

Entonces las búsquedas de Google cambiaron y tras investigar vi que la progesterona produce retrasos en muchas mujeres y síntomas idénticos a los del embarazo. Nadie me informó de ello, con lo sencillo que habría sido ofrecer esa información y hubiese sido muy valioso para haber amortiguado un poco el golpe.

Al día siguiente, el 15 de noviembre, fue la fecha de la prueba de embarazo, realizada en orina y donde no aportaron más datos que el negativo.

Cuando pregunté cómo proceder cuando bajase la regla (porque previamente otra ginecóloga me había explicado que todos los TRA iban seguiditos), me dijeron que como se acercaba la navidad (os recuerdo que eso fue a fecha ¡15 de noviembre!) era mejor esperar otro ciclo, pero ya me dieron el volante para pedir cita en ventanilla para la siguiente vez, protesté tímidamente porque no sé qué me pasaba en esa consulta que me volvía pequeñita, invisible y no atendieron a mis peticiones.

No me lo podía creer, lo único que me animaba en ese momento era pensar que podría empezar pronto y tener la esperanza de poder acabar el año embarazada.

Salí de allí llorando, y llamé a mi marido para desahogarme de camino al aparcamiento. Me derrumbé en lágrimas, fue la primera vez de muchas. No sólo se había confirmado el negativo por si nos quedaba algún resquicio de esperanza, es que además nos impedían empezar en seguida con una razón absurda. Me sentí frustrada, enfadada, tratada sin que se tuviesen en cuenta mis sentimientos, silenciada, anulada, insignificante...

Ese día lo pasé llorando desconsoladamente en casa, me tumbé en el sofá, me tapé la cabeza con una manta y no podía parar. Mi marido se desesperó al verme así durante horas y horas. Es difícil de digerir, lo entiendo y a él también le dolía lo que había pasado, pero al no seguirme en mi total desconsuelo, lo traté como si fuese mi mayor enemigo, como si no me comprendiese cuando sólo intentaba calmarme, me recreé en la espiral del dolor y el sufrimiento y me autoconvencí de que estaba sola en esto y nadie en el mundo podía entender mi dolor.

No me siento orgullosa de haber tenido estos pensamientos, sino todo lo contrario, me avergüenza mucho haberme esforzado en buscar un enfrentamiento con mi marido, cuando hacía todo lo que podía por mí y olvidé que no sólo yo llevaba a cuestas la infertilidad, que a él le dolía de igual manera. Pero no sé, fue como si necesitase tocar fondo y sentirme la persona más desdichada sobre la faz de la tierra...

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Por qué no reprimir las lágrimas

Ayer hablábamos en Twitter Hipster de extrarradio, Hoping4U y yo sobre lo lloronas que estamos a veces y conecté con una teoría que hace poco estudié, prometí un post sobre ello y como soy muy bien mandá, aquí está.

Desde que somos pequeñitas siempre hemos sido educadas para no llorar. Llorar es símbolo de fragilidad, de ser caprichosa, ñoña, tonta... Y si esto pasa desde nuestra niñez, con la edad adulta no mejora, sino todo lo contrario.


Pinterest*

El llorar resulta socialmente molesto e incómodo. A los niños se les distrae con un juguete con una canción o se les niega lo que les pasa (¡No ha sido nada!) para reprimirlo y si lo extrapolamos a los adultos, los juguetes y canciones se cambian por frases como "No va a servir de nada que llores", "llorar no va a hacer desaparecer el problema", "¡vamos de copas/compras y se te pasa!" y muchas veces no damos lugar al duelo y ante cualquier pérdida nos llegan mensajes que nos empujan a actuar como si nada hubiese pasado (lo que conecta con lo que Antonio Guijarro llama empujar fuera del sitio donde estás), con "normalidad" y el dolor debe ser digerido cuanto antes para no ser molesto para los demás.

Y hablo como mujer, ni qué decir tiene que los hombres aún lo tienen peor a la hora de demostrar sus sentimientos a través del llanto, ya que a las connotaciones negativas que a nosotras nos aplican, a ellos se les suma culturalmente etiquetas que ponen en cuestión su virilidad o su fortaleza... Porque todos sabemos, como muy bien dijo Miguel Bosé hace años en una canción, que los chicos no lloran...

Pero nadie lo hace con maldad, no estamos preparados para acompañar el llanto ni sabemos llorar acompañados, yo la primera.

Hablaré sobre el llanto desde mi prisma de mujer infértil, ya que estos estudios tienen una muy útil aplicación en la manera en que acompañamos a los bebés y los niños y se podría profundizar mucho más en su relación con el aprendizaje y el desarrollo cerebral, pero ese es otro tema y hoy sólo daré unas pinceladas sobre cómo podemos recoger toda esta información que la ciencia aporta para vivir nuestra vida adulta y nuestra infertilidad de manera más saludable.

William Frey, bioquímico de la universidad de Minessota, ha desarrollado trabajos sobre el llanto a lo largo de más de quince años, y las considera una más de las excreciones humanas (como lo son la orina, el sudor...). Es el recurso que el cuerpo tiene para eliminar y liberarse de aquello que no necesita.

En sus estudios analizó la composición de las lágrimas y en base a lo que encontró, las clasificó en tres tipos:

-Lágrimas basales: mantienen el ojo lubricado y protegido de bacterias e infecciones, ya que, entre otros componentes, contienen una lisozima antibacteriana que también se encuentra en la saliva.

-Lágrimas reflejas: aquellas que se producen en cantidad para limpiar el ojo cuando lo invade algún cuerpo extraño o es irritado con alguna sustancia (cebolla).

-Lágrimas emocionales: tienen una química diferente a las anteriores, ya que contiene hormona adrenocorticótropa, ACTH, manganeso y cortisol, entre otros, que se generan y se acumulan ante el estrés psicológico o físico, como el dolor, cansancio, miedo...
Está demostrado que la acumulación excesiva de manganeso se relaciona con estados de depresión, mientras que los altos grados de hormona ACTH están ligados a ansiedad y estrés crónicos.
Por otra parte también se liberan endorfinas que poseen un efecto calmante y nos hace sentirnos bien.

¿Qué ocurre cuando reprimimos el llanto?

El aumento de esas hormonas que no liberamos como de manera natural el cuerpo haría para limpiarlo en su proceso homoestático, puede generar una serie de patologías físicas tales como estrés crónico, enfermedades cardíacas, ya que se producen alteraciones en el ritmo cardíaco, depresión crónica, úlceras o colitis, dermatitis, hábitos nocivos o compulsivos (morderse las uñas, tics, adicciones...). Pero también el reprimir el llanto desde nuestra niñez y más aún en nuestra etapa adulta a nivel psicológico puede dar lugar a silencio, conformismo, indiferencia, rechazo, contención, aislamiento, resignación o agresividad.

Me veo reflejada en un buen ramillete de las manifestaciones anteriores y eso que soy muy llorona...

Por todo eso se considera saludable el encontrar esos momentos de desahogo que nos liberen de aquello que nos resulta dañino y que de manera natural el cuerpo está diseñado para realizar.

*Os he dejado como imagen de esta entrada una frase de mi admirada Frida Kahlo, mujer infértil, que quizás hoy en día hubiese podido ser madre mediante algún TRA o gestación subrogada, y con la que me siento muy identificada porque sólo quien pasa por este camino puede saber a ciencia cierta lo que se siente. Fue la primera imagen que compartí en mi cuenta de Twitter y su reflexión me ayudó mucho al principio a liberarme de todo esos posos de dolor que la infertilidad va dejando.


Espero que este enfoque que ofrece la evidencia científica ayude a canalizar lo que sentimos sin que ello merme la imagen de mujeres luchadoras que sin duda somos.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Crónica de una FIV fallida

Cuando os conté mi historia os expliqué rápidamente cómo fueron mis TRA, pero no profundicé en detalles y me quedó la cosa de haber pasado de puntillas.

Empezaré hablando de mi FIV. Como os conté aquí, la estimulación para la in vitro no fue bien desde el principio.

Toulouse Lautrec

Comenzamos el día 3 del ciclo con 300 de Fostipur y a partir del día siguiente cambiamos a 225 y añadimos 75 de Menopur.

En las primeras ecografías de control no aparecían folículos y luego sólo se veía uno que no crecía, con lo que me hicieron analítica para ver cómo estaba la hormona antimülleriana y ver si podíamos seguir o no.

Durante el tiempo de espera para los resultados, decidimos ir a dar un paseo mi marido y yo. Era mucha presión y estallé en lágrimas diciéndole que si mi cuerpo me impedía ser madre biológica quería intentarlo con óvulos de donante. La idea siempre me rondó por todos los altibajos de esa estimulación ovárica, pero nunca lo había verbalizado con él por miedo a adelantar acontecimientos y por un poco de superstición, por qué no decirlo...

En esa interminable media hora le expliqué todo lo que hasta entonces sabía del proceso y le conté que necesitaba sentir crecer a nuestro bebé en mi interior, darlo a luz, alimentarlo... Y todo eso no dependía de si mis ovarios eran capaces de producir óvulos.

Él al principio fue reticente, porque le costaba asumir la idea de tener un hijo que no se pareciese físicamente a mí. Siempre hemos fantaseado con los parecidos y renunciar a eso no siempre es fácil, aunque ahora me parezca una trivialidad.

Cuando me trasladó sus inquietudes dejé de llorar y le dije que se tomara su tiempo para pensarlo, que era una decisión en la que tendríamos que estar los dos al 100% unidos. No quería presionarlo con ello. Pero unos minutos después me dijo que ya estaba bien de sufrir, que iríamos a por nuestro sueño y se iba a dejar de detalles y “tonterías”, que sabía que llegaría el día en que me quedase embarazada, daría a luz a nuestro hijo y que estábamos los dos juntos en eso. Era justo lo que necesitaba oír en ese momento. No puedo estar más agradecida a la vida por haberme puesto en mi camino a una persona tan maravillosa como mi marido.

Al volver a la clínica el resultado de la hormona fue bueno y decidieron continuar. Subimos las dosis a 300 de Fostipur y 150 de Menopur en el día 7 del ciclo. Llegaron a crecer hasta 5 folículos de buen tamaño en uno de mis ovarios y otros dos más pequeñitos, así que imaginaros la explosión de alegría ante la noticia. Me faltó tiempo para contárselo a mi marido y nos volvimos a llenar de esperanza.

A partir del día 11 del ciclo añadimos a la pauta establecida, 0,25 de Orgalutrán hasta el día 14 del ciclo (tres pinchazos al día para una belonefóbica no está mal, todo por la causa!) y el 15 por fin cambiamos todo por 250 de Ovitrelle. Descansamos un día y llegó el ansiado día de la punción.

Pero las malas noticias no habían acabado, porque finalmente, sólo pudieron recuperar 3 ovocitos que no fueron buenos. La endometriosis había afectado tanto a mis ovarios que no podíamos continuar.

Cuando nos dieron la noticia, yo aún estaba aturdida por la sedación de la punción, y la verdad es que me quedé igual. Fue raro. No puedo decir que lo esperara, porque realmente estaba segura que al menos dos o tres de los cinco que se veían en las ecografías serían válidos, pero estaba tan acostumbrada a tener malas noticias que no me sorprendí. Nos dijeron que valorarían nuestro caso para informarnos de las siguientes opciones y nos quedamos solos en la habitación.

Fue salir la ginecóloga por la puerta y mi marido se sentó en la cama junto a mí, se me abrazó llorando durante minutos y minutos. Yo tampoco pude contener las lágrimas, pero sentí que él estaba sacando ahora lo que en todos estos años se había guardado y tenía que acompañarle sin palabras en su desahogo. Sabía que él necesitaba eso más que nada.

En ese momento me dijo que no quería que volviese a pasar por lo mismo y que si alguna vez había tenido dudas, ahora estaba completamente seguro de la ovodonación.

Era momento de recomponer juntos nuestros pedacitos y volver a la carga con energía e ilusión a raudales.

Y en esas estamos. Tachando cada día en el calendario para la próxima cita y cruzando los dedos para que no surjan más esperas y complicaciones y poder ir, por fin, a por nuestro amado bebé.

sábado, 21 de noviembre de 2015

Aprendiendo a quererme

Cuando os conté mi historia, os comentaba que el llegar a aceptar mi esterilidad me llevó a un camino pedregoso en el que me sentí muchas veces hundida en el más oscuro, profundo y húmedo de los pozos.

Francine Van Hove

Me despreciaba a mí misma, la autoestima bajó hasta quedar en números rojos y de cuidarme para estar lo mejor posible preparando el nidito para un futuro hipotético hijo, pasé a no cuidarme absolutamente nada.

Descuidé mi aspecto, mi alimentación, dejé de hacer cosas que me gustaban, de querer salir, dejé de comunicarme con mi pareja y lloraba en silencio... No tenía ningún tipo de motivación. Los días para mí eran una tortura que me recordaban que cada semana, cada mes, cada año, era un poco más vieja y me alejaba más de la posibilidad de tener un hijo.

La imagen de mí misma como una mujer estéril no fue fácil de asumir. Desde pequeña siempre me había imaginado siendo mamá. Se puede decir que es el único gran sueño de mi vida, algo en apariencia tan sencillo y que para mí se hacía imposible, se me negaba, algo para lo que la naturaleza no me ha dotado.
No podía superarlo y me odiaba a mí misma cada segundo de mi existencia.

Envidiaba de la manera más negativa a cualquier persona que tuviese hijos, incluso aunque su situación fuese lamentable en otras aspectos, y dejé de ver la bondad en las personas, vivía amargada, mi corazón se fue ennegreciendo y dejé de ser yo.

Un día me descubrí tocando fondo y ya tuve que compartirlo con mi pareja, le abrí mis sentimientos y le dije todo lo que tenía dentro, él se asustó mucho por verme tan cerca de la autodestrucción psicológica y tras una larga charla en común donde lloramos mucho y tras la que nos sentimos más unidos que nunca, llegamos a una determinación: que seguiríamos luchando pero más juntos que nunca para conseguir ser padres, y con una promesa por mi parte: intentar volver a ser la mujer entusiasta y positiva que siempre había sido.

Entonces me apunté a Zumba, a cursos de maquillaje y estilismo... Quería sentirme bien conmigo misma por dentro y por fuera. Pero estos planes no surtieron el efecto esperado, ya que debido a todas las veces que tenía que faltar a Zumba y para evitar inventar más excusas, acabé dejándolo y aún no estaba preparada desde el interior para embellecer el exterior, además de que en los cursos de maquillaje y estilismo era la única aún-no-madre y a cada poco volvía a sangrar la herida.

Entonces empecé tímidamente a acercarme al mundo virtual, en principio muy poco a poco y sin apenas participar, pero un día decidí dar el salto definitivo abriéndome una cuenta en Twitter y fue cuando conocí a la increíble #Infertilpandy.

Esa fue mi auténtica llave para cambiar: Conocer a mujeres que abrían sus vivencias al mundo y compartían sus inquietudes y sobre todo su apoyo incondicional, ver cómo admiraba a cada una de ellas por su enorme fortaleza y darme cuenta de que realmente yo era una de ellas, fue cuando empecé a cambiar la imagen de mí misma y mi autoestima.

Una de esas amigas que he tenido la inmensa fortuna de encontrar en el mundo virtual, lanzó una idea que se alojó en mi cabeza y empezó a ramificar y crecer. Ella hablaba de “perdonar a su cuerpo” y sentía como una liberación haber agotado el último cartucho con sus óvulos.
Al principio no entendía esa felicidad con la que ella trataba el tema, siempre he necesitado de un duelo para cada negativo, cada piedra en el camino, cada mala noticia... pero es verdad que cuando me llegó mi momento poco después, entendí completamente a lo que se refería.

Cuando has dado hasta el último aliento intentando conseguir algo, cuando has visto que no se puede hacer más agotando todos los recursos a tu alcance, quizás es el momento de cambiar de estrategia y ser consecuente con tu realidad, no queda otra que asumir lo que la vida te ha dado y buscar respuestas y soluciones, no estancarte en batallas sin sentido.

Y no sólo eso, te empiezas a sentir orgullosa de todo lo que has tenido que superar para llegar a ese punto. Me veo a mí misma antes de que todo esto comenzase y aunque, evidentemente, de haber podido nunca elegiría volver a vivirlo, sí que me gusta quien soy ahora, quienes somos ahora como pareja. Mucho más fuertes, mucho más maduros, mucho más unidos, mucho mejores personas. Llevar la resiliencia por bandera.

Hace poquito tuve la oportunidad de asistir a una clase “demo” de Biodanza muy muy intensa, y lo que empezó siendo una celebración de la vida y una fiesta, pasó en un momento a ser un espacio de recogimiento y de gratitud hacia una misma. Fue precioso...

De los ritmos brasileños y de canciones tipo “feel good”, pasamos a melodías más relajadas, las luces se apagaron y teníamos que hacer, con los ojos cerrados si queríamos, movimientos en sintonía con la música de manera improvisada y centrándonos en nuestro cuerpo y nuestro propio ser, para luego pasar al MOMENTO: Seguimos con los ojos cerrados y el guía de la actividad nos indicó que nos pusiéramos cómodos y nos centrásemos en nuestras propias manos y acariciarlas pensando en todo lo que hacen por nosotros y por los demás cada día, y sintiésemos ese momento como un regalo. Un tiempo dedicado 100% a nosotros mismos y con ese gesto, pensar en lo que tenemos que autoagradecernos.

No puedo explicar con palabras todos los sentimientos que afloraron. Por primera vez estaba totalmente concentrada en darme las gracias a mí misma por todos los años de lucha vividos, por todo lo que había superado y por todo lo que me había castigado también. Fue muy intenso y mágico. Y creo que simboliza muy bien lo que quería explicar.

Creo que necesitaba reencontrarme conmigo misma para salir de esa espiral de dolor que tan facilmente nos arrastra... Para mí fue romper el cascarón y abrirme a la #Infertilpandy y mirar en mi interior cambiando la imagen de mujer destruida y derrotada por la de #Infertilgladiadora, pero seguro que para ti también existe y ayuda a sanar un poco las heridas.


¿Qué es para vosotras aquello que os hace sentiros bien en vuestra piel?

miércoles, 11 de noviembre de 2015

Premio-cariñito para inaugurar el blog!

Pues sí, mi querida India del blog India quiere ser mamá (Nos conocemos desde hace tiempo a través de Twitter y es un amor de chica), me ha regalado, nada más empezar, este premio tan chuli para arrancar el blog con buen pie. Espero hacerme merecedora de él entrada a entrada.


Como todo premio, el mantenerlo en el blog conlleva una serie de obligaciones (algo así como cuidar un Gremlin... Jeje, primera ida de olla del día...) 

Son éstas:

  • Nominar a 15 blogs
  • Contar 7 cosas sobre mí que no sepáis.
  • Agradecer a quién se ha acordado de mí.

Empezaré por el final, gracias, gracias, gracias, India bonita, espero estar a la altura!

Contar 7 cosas sobre mí que no sepáis no debe ser difícil, porque me acabáis de conocer... Jeje. Allá voy!

1. Me requetechifla escribir al ordenador metidita en la cama, de hecho esta entrada está siendo escrita así.

2. Creo que lo he contado alguna vez, pero no aquí. Tengo un test de esos digitales Clearblue guardadito al fondo de un cajón desde hace tres tratamientos (se pueden establecer los tratamientos como medida de tiempo standard?) esperando para ser EL TEST, y si tengo que usar alguno, compro de los más baratos, ése sólo puede dar positivo!

3. Me gusta cocinar y sobre todo inventar recetas de aprovechamiento o de lo que hay en la nevera y que salga milagrosamente rico.

4. Soy una loca de los artículos de papelería, manualidades, repostería... Hay cosas que he comprado y que aún ni he usado, pero no me puedo resistir...

5. Tengo la manía de contar escalones. No puedo subir o bajar sin contarlos al menos una vez, aunque después ni me acuerdo del número ni nada, pero tengo que hacerlo...

6. Me encanta caminar descalza.

7. Disfruto viendo películas de miedo sola, aunque soy muy cagona y luego no me atreva a levantarme ni para ir al baño.

Y ahora la parte más difícil de todas, nominar a 15 blogs! Pero si yo no creo que conozca tantos!!! No voy a mirar si ya tienen el premio o no porque si no, sería imposible...Si ya lo tenéis o no os apetece hacer la entrada correspondiente, tomadlo como una muestra de cariño, porque voy a poner blogs que significan algo para mí o que alguna vez he leído desde que empecé a navegar por la red y me dieron algo de luz. Empezamos.

1. Tic Tac, Se me pasa el arroz Es el primer blog que leí y el que me llevó a la #Infertilpandy a la que tanto le debo, aunque ya no actualice, para mí es muy importante.

2. El blog de la Red Nacional de Infértiles Por la maravillosa labor que hacen para hacernos el camino más fácil.

3. Infértil Desvergonzada Me encanta cómo se expresa y el tono general de su blog. 

4. Diario de una baja respondedora Inés es mi referente a seguir, ya que está felizmente embarazada mediante ovodonación.

5. Ovodonación: Nuestro camino hacia ti, nuestro camino Es un blog que está dedicado 100% a ovo
y creo que es muy necesario tenerlo de referencia, ya que nos sentimos bastante perdidas las #ovogirls.

6. Desafío Infértil Junto con Inesita, es mi otro gran referente, ya que también está embarazada teniendo endometriosis, dianóstico que compartimos.

7. En busca de mi monstruito Además de contar su camino hacia la maternidad de una manera muy amena, aporta su visión como hija adoptada y me encanta conocer su punto de vista.

8. Mamá y papá Jones Habla de los desconocidos trámites de adopción en tiempo real y es un camino apasionante.

9. Proyecto Probeta Acaba de sacar una betaza mediante adopción de embriones y además me encanta su iniciativa de la donación de medicación.

10. Estela y su Luna He seguido su historia muy de cerca y es de los primeros blogs que conocí sobre infertilidad.

11. Mis OvoMellizos El nombre lo dice todo, es mamá de niño y niña mediante ovo. Otro espejo en el que mirarse.

12. Berta Positiva Tiene una manera muy clara de explicarse y abarca muchos temas.

13. Hipster de Extrarradio Aunque está en este camino que muchas compartimos con sus altos y sus bajos, su blog también es una mirada fresca sobre otras cosas porque la vida no es sólo infertilidad.

14. Son nuestros hijos Por la labor que hacen para normalizar y legalizar la gestación subrogada en nuestro país.

15. Fertility Game La idea de ver los TRA como un videojuego me acompaña desde el principio. Por cierto, recuerda que aún no ha salido "Game Over" y quedan más partidas por jugar.

Y ya está! Pensé que nunca lo conseguiría!!!

Besos a tod@s!

martes, 10 de noviembre de 2015

Cómo ayudar a una persona infértil (Escucha Activa)


Desde que la infertilidad llegó a mi vida, tardé mucho en asimilarla, mi autoestima se vio dañada hasta límites insospechados y fue bastante duro de asumir. Hoy en día me veo a mí misma como una persona mucho más fuerte que la que empezó en este proceso y me siento muy orgullosa de mí misma, de mi pareja y del camino que hemos recorrido juntos.

Creo que la palabra resiliencia define muy bien quienes somos los infértiles: mujeres y hombres que lejos de dejarnos vencer por las circunstancias que nos abaten, nos levantamos una y mil veces de cada caída y salimos fortalecidos.

Bueno, que me voy por las ramas. Hoy no quería hablaros sólo de mi palabra favorita, sino de lo que un curso con Antonio Guijarro sobre Escucha Activa me aportó como aprendizaje aplicable al día a día y también en la manera de afrontar la infertilidad. Os daré algunas pinceladas con mis palabras y mi percepción, pero si tenéis oportunidad de asistir a uno de sus cursos y escucharlo en persona, no os arrepentiréis, os lo aseguro.
Partimos de la base de que en la sociedad en la que vivimos, el fallo es considerado como algo a evitar e incluso esconder y no asumimos ni los propios, ni los ajenos. Tenemos a veces miedo de atrevernos para evitarlo y no nos damos cuenta de que equivocarse es parte del aprendizaje de la vida y la única manera de que cada paso conseguido se valore en su máxima expresión.


Fotolog.com

Por otra parte, a veces es duro asumir un diagnóstico que produce infertilidad (o incluso más la infertilidad en sí sin diagnóstico), pero como dice Guijarro, cuando uno acepta su sombra, ésta se ilumina y para moverse a cualquier parte, primero hay que aceptar donde se está, porque ese el punto donde tienes que partir sea cual sea el destino.
Éste es el punto de partida, la aceptación de uno mismo con sus sombras, sus fallos y su situación en el espacio en ese momento.
Pero ahora bien, muchas veces tenemos choques con personas de nuestro entorno que con sus mejores intenciones (queremos pensar eso) nos intentan ayudar, pero sus palabras muchas veces nos hacen sentir peor.

Muchas veces, ellas se sienten incómodas con nuestro problema, y esa es la primera barrera, ya que para ayudar a otra persona tienes que partir de aceptar su problema de corazón, y muchas veces esto no es sencillo.

También las relaciones que establecemos con los demás, se suelen basar en jerarquías en la que uno se sitúa (inconscientemente o no) sobre el otro. Normalmente no lo hacemos con maldad, son años de práctica que llevamos a cuestas y que hemos desarrollado durante toda nuestra vida en la manera como hemos vivido en familia (Padres sobre hijos) o en la escuela (Profesor sobre alumnos), trabajo (Jefe sobre empleados)..., y muchas veces esto se percibe.
Lo ideal (y la única manera que debería existir) es enfrentarnos al problema del otro en una relación de igual a igual.

A veces a la otra persona nuestro problema le incomoda y trata de hacernos desistir de que el problema existe (Piensa en todo lo bueno que tienes, con lo bien que vives sin hijos... ¿Os suena?) Es como si te empujase fuera del sitio en el que estás (el que comentaba que debemos aceptar para ir a cualquier otro destino).

Por pura ley física, si alguien trata de “ayudarte” bruscamente, empujándote para moverte del sitio, intentarás recuperar la homeostasis y oponer resistencia para mantenerte en tu lugar. Ahí se produce un choque y en vez de sentirnos ayudados, nos sentimos agredidos de alguna manera, no se nos deja expresarnos y se nos hace entender que nuestro problema es absurdo.

También es interesante saber que en las lágrimas emocionales expulsamos hormonas que liberan el estrés y que de mantenerlas bloqueando el llanto pueden producir problemas psicosomáticos como dermatitis, tics, úlceras... De ahí la importancia de desahogarnos en su máxima expresión también, claro que hemos sido educados para no llorar y menos en público... Pero ése es otro tema en sí mismo (tratado aquí).

Guijarro sostiene que la manera en la que afrontamos un problema del otro, contiene un mensaje oculto, no siempre lo detectamos, pero a veces sí que llega y esa es la razón por la que nos sentimos mal, que la mayoría de las veces no somos ni conscientes de por qué tal comentario nos ha herido de esa forma y por supuesto la otra persona nos etiquetará de susceptibles, desagradecidos, etcétera, ya que sólo trataba de ayudarnos, encima...

Él habla de 13 respuestas “malditas” que son las que utilizamos comúnmente ante el problema de otra persona. Van desde dar consejos y dirigir la manera en la que se debe actuar a animar, consolar, cuestionar, desviar el tema, comparar (a mí también, a mí más, a Fulanita...), pero como decimos todos llevan un mensaje oculto, la mayoría de las veces es que lo que importa es lo que yo te digo porque tú sólo no eres capaz de solucionarlo o tu problema no es tan importante como los míos o de otros. (“Mal de muchos, consuelo de tontos”. No me ayuda. Te estoy hablando de MI problema...)

¿Entonces cómo nos dirigimos a una persona con un problema (de infertilidad o el que sea) para ayudarla de verdad? ¿Todo lo que diga va a tener un mensaje oculto negativo? Pues mejor me quedo callado... A veces sería lo mejor, pero no, es más sencillo que todo eso.
Para ayudar a otra persona de verdad sólo hay que partir de dos cosas: aceptarlo como está y transmitir esa aceptación.

¿Y cómo se hace?

No haciendo nada cuando la otra persona no se dirija a nosotros.
A veces sabes que una persona tiene un problema, pero no busca tu ayuda, 
déjale su espacio, pero que sepa que estás ahí para ella.

Y si te cuenta su problema, escuchar con reflejo, activamente.
Ir reflejando lo que vas entendiendo para que el otro lo vaya corrigiendo, 
no pasa nada por no haber pillado el sentido de lo que te quiere expresar a la primera. 
Es sólo comprensiva, no evaluativa. 
El sentirse escuchado le hará sentirse reconfortado.

Todo el mundo tiene la solución en su interior (una margarita no crece porque tires de ella), 
si es que en ese momento necesita una solución, 
a veces sólo necesitas canalizar lo que sientes y verbalizarlo.

La base de esta manera de actuar es que cada persona llegue a crear su propio camino, sin directrices o consejos que le lleguen desde el exterior.

Los mensajes ocultos de estas respuestas son: Te acepto,
lo importante eres tú y me interesa profundamente lo que me estás contando.

Hicimos una práctica por parejas y es increíble ver cómo tú mismo llegas a crear
tus propias conclusiones sólo por sentirte escuchado.

Os pongo un ejemplo que me voy a inventar de cómo actuar siguiendo  este patrón:

-Llevo x tratamientos y no sé si alguno funcionará alguna vez.
-Te da miedo esa incertidumbre.
-Sí, porque es mucho desgaste tanto emocional como físico e incluso económico.
-Estás agotada.
-Agotada no, cansada, pero siento que aún me quedan fuerzas para seguir.
-Te frustra el no saber si la siguiente será la buena, pero vas a seguir intentándolo.
-Claro, no quiero desistir y pensar en el futuro que pude haberlo conseguido 
de  haberlo intentado una vez más. No tengo fuerzas para rendirme.

He acabado con esa frase porque me encanta
y define muy bien el clima emocional en el que nos movemos las personas infértiles.

Bueno, me ha quedado un post bastante largo, pero creo que es interesante
y espero que os ayude como a mí.

Un beso muy fuerte y gracias por acompañarme.

domingo, 8 de noviembre de 2015

¡Ya estamos en la autopista!

Como os contaba antes, tras muchos años batallando con mi “zoo” de ahí abajo (Pólipos, quistes, teratoma y alguna que otra cosa que ya os contaré que ejercían de okupas molestos y no invitados), por fin estábamos en el camino que nos llevaría hasta nuestro bebé con ayuda médica.

Motoradictos.com

Hicimos nuestra primera inseminación artificial, con “muy buena pinta”, pero no lancemos las campanas al vuelo (aunque ya desde la descripción del blog tenéis un “spoiler” con el que sabéis que no se acaba ahí...)

Luego vinieron 3 IA más, todas con el mismo resultado negativo, minando nuestras fuerzas y hasta destruyéndome por dentro. (Lo explico mejor aquí).

Tras estos cuatro tratamientos fallidos (alguno de ellos de lo más chapucero y con varios parones, unos por motivos obligatorios y otros absurdos), nos derivaron, todavía dentro de la seguridad social, a una clínica especializada en la capital del reino, que llamaré "La clínica de mis sueños", ya que para mí fue como entrar en otro mundo.

En la clínica de mis sueños, simplemente revisando la documentación de la seguridad social y nuestro historial vieron algo que todo el mundo había pasado por alto, en el informe de mi primera operación aparecía la palabra “Endometriosis”, así que tras la primera cita que sólo era informativa, salí con un diagnóstico que explicaba todos estos años perdidos (y digo perdidos, porque con ese diagnóstico me deberían haber remitido directamente a FIV, me habrían ahorrado años de dolor y sufrimiento en el que además se había alimentado a la endometriosis en cada ciclo y con cada estimulación y mis óvulos habían envejecido).

Después de todo este tiempo la percepción de mi esterilidad y de mí misma ha cambiado mucho, ya os explicaré cómo y por qué, y he aprendido a no recrearme en el dolor, sino a canalizar las fuerzas, que no son muchas, en aquello que me hace feliz y me acerca a cumplir mi sueño, así que decidimos que no era momento de buscar culpables, ni de lamentarnos por el tiempo perdido, ni de malgastar tiempo y dinero en demandas que incluso siendo ganadas (cosa improbable), no nos devolverían lo perdido.

Así que nos concentramos en ese tratamiento con el 100% de nuestra ilusión, nuestras fuerzas y toda nuestra esperanza.

Desgraciadamente la FIV no resultó nada bien (más detalles aquí), pero me queda la sensación de que tanto los profesionales como mi propio cuerpo hicieron todo lo que pudieron y simplemente no pudo ser.
Tras recibir la noticia de que en la punción ningún ovocito había sido válido, en ese mismo momento tomé la decisión de tirarme en trampolín al siguiente paso, la ovodonación. Pero no fue una decisión espontánea. Ya os detallaré cómo llegué a ella y cómo al compartirla con mi marido llegó a decidir que era el mejor paso a seguir.

Me ha quedado un prólogo largo de cinco episodios, pero creo que era importante contaros lo que nos ha llevado a estar aquí. Al momento presente en el que estamos deseosos de que, gracias a una hada madrina a la que estaremos eternamente agradecidos por siempre, podamos cumplir el sueño de toda nuestra vida.

En estas semanas mientras mi cuerpo se recupera y nuestra hucha se completa para hacer frente al tratamiento, iré profundizando en cositas por las que he pasado de puntillas y que creo que merecen otro vistazo.

Os agradezco que me hayáis acompañado hasta aquí.
Un beso, de corazón.